“Hemos llamado a la ambulancia”

Llamada de un 91 que no tengo memorizado.

– Hola, soy Raquel, la profe de Pablo. Mira, resulta que se ha caído, se ha hecho un chichón, le hemos puesto hielo y se ha puesto a vomitar. Por si lo recogéis.
– ¡Ah! Claro. Solo que me pillas en Almuñécar. Llamo a su padre.

Cuando llamo al Señor de las Bestias, en realidad lo que menos me preocupa es Don Bimbas. Me preocupa más él porque acabo de empezar un trabajo que me va a tener semanas (seguidas) enteras fuera de casa y se va a chupar él a los críos. Si además tiene que dejar el curro a mediodía porque uno de ellos se ha caído… ¡empezamos bien! Tengo incluso cargo de conciencia.

– Oye, que el pequeño se ha caído y ha vomitado. Te viene fatal ir al cole, ¿verdad? Aaaay, lo siento. Igual no es para tanto. O igual puedes trabajar desde casa…

Cuelgo. Al ratico me vuelven a llamar del cole:

– ¿Venís alguien?
– He avisado al padre, solo que trabaja a 40 kilómetros y, lógicamente, tarda.

Mierda. A mí este trabajo no me convencía nada de nada. Lo acepté porque la productora que me lo ofrece se ha portado siempre muy bien conmigo (y yo con ellos) y me tiene en cuenta. Porque me operé del pie estando currando para ellos y no me pidieron ni que solicitara la baja, aun estando una semana sin pegar palo al agua. A cambio, en vez de estar un mes y pico de baja, a la semana trabajaba desde casa. Así que acepté este trabajo porque de verdad estaban muy interesados en que estuviera en la grabación, y porque se lo debía. Ojo, que a mí siempre me conviene empalmar curros y este me permitía pasar menos tiempo en el paro, que lo temo más que a un nublado. Pero yo es que trabajos que me tienen semanas seguidas fuera de casa NO LOS COJO. No quiero estar tanto tiempo separada de mis hijos. No quiero que su padre, que lleva el peso de una empresa grande, se chupe en solitario a los niños, la casa y todo. No tenemos ayuda familiar y no nos podemos permitir faltar de continuo ninguno de los dos. Que de repente me largue siete o nueve días a hacer un repor, bien. Pero si luego me quedo mes y medio en tierra. Pero semana sí y semana también fuera… eso sí que no.

Pero aquí me dijeron que, sí, iba a viajar por España, pero que había muchas grabaciones (la gran mayoría) en Madrid. Y que iba a trabajar sentada en un taburete, dando instrucciones por un walkie. Porque otra de las razones por las que me resistía a cogerlo era porque mi médico no quería darme de alta aún, dado que no tenía bien mi pie operado. Es decir, mis circunstancias no eran favorables y tenía razones con peso para rechazar el trabajo, con gran dolor de mi corazón. Pero, finalmente, tras su insistencia, les dije que bueno, que vale, que sí, que lo cogía.

Hoy estoy en una azotea (no veo otra manera de hacer mi trabajo que dirigiendo donde se debe, no con un walkie talkie donde no veo una grabación), una semana después de haber visto el planning de grabación real que muestra que, de 9 semanas de rodaje, solo hay una en Madrid. Estoy que trino, claro.

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Mierda también porque me he pegado en casa mes y medio. Por lo del pie. Y en la primera semana, ¡la primera!, que estoy fuera, coge y ocurre esto.

Pero no sabía que la cosa era susceptible de empeorar.

– ¿No tenéis a nadie para que venga mientras llega el padre?
– No, no tenemos a nadie. ¿Qué pasa?
– Que hemos llamado al SAMUR porque además de vomitar se está quedando dormido, por si acaso. Y para que alguien le acompañe hasta el hospital.
– ¿¡Cómo!?
– Bueno, no te preocupes, si no irá su profesora con él.

Ahí, bajo el sol abrasador de Almuñécar, yo estaba BLANCA.

Llamo corriendo al Señor de las Bestias. Todavía anda por Torrejón de Ardoz. Llamo corriendo a mi vecina y amiga Sandra. No le doy todos los datos, solo le pregunto si puede ir al cole de mi hijo…

– Sí, cuando recoja a mi hija de la guarde, que sale en 10 minutos, y voy.
– ¿Y Sara está por ahí? – Sara es otra vecina y amiga con la que andaba tomando el aperitivo.
– Sara también va a recoger a sus hijos al cole. ¿Por? ¿Qué pasa?

Y le cuento. Entonces me dice que no me preocupe, que llama a la guarde para que se queden más con su niña y que va al cole. Yo llamo al Señor de las Bestias. El Señor de las Bestias llama a Sandra. El Señor de las Bestias me llama a mí. Sara me llama a mí. El cole llama al Señor de las Bestias. Yo llamo al cole… y así.

Total, que al final Don Bimbas va hacia el hospital con su profe en ambulancia y el Señor de las Bestias va directo hacia allá.

Ya me llama, que está con él. Que da penica porque está pachucho. Que ha vomitado la medicación que le han dado.

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Y yo en Almuñécar, grabando.

Que verán a las cuatro si ha vomitado o no para mandarlo a casa.

Yo ando nerviosa, agobiada, y lloro. Pero resisto en grabación. Porque no tengo sustituto, porque les hago una putada si me largo. Pero informo a Madrid de la situación.

Madrid me pregunta que si quiero volverme. Hombre, querer claro que quiero, ipsofactamente, pero vamos a esperar a ver qué pasa, que seguramente no sea nada…

Pero el crío vuelve a vomitar.

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Que a ver a las cinco.

Me dicen que me ponen un tren para que vuelva. Yo tengo cargo de conciencia porque es una producción que ha empezado como el culo, llena de dificultades, y esto es un contratiempo de los gordos.

En el hospital optan por mantener al crío en observación, que a ver qué pasa a las seis.

Vomita.

En Madrid me dicen que venga, que vaya. Yo digo que aún no. Pero me informan de que el último tren desde Málaga o Granada es a las ocho y poco.

A las seis ya dicen en el hospital que lo siguen dejando ingresado hasta las ocho.

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Hablo con mi pequeñito. Le pregunto si quiere que vaya mamá a estar con él. Me dice con un hilillo de voz que sí.

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Y ahí, in extremis con el tiempo pegado, digo a Madrid que sí, que me vuelvo. La grabación de hoy estaba más que salvada y los protas más que aleccionados.

En la productora se portan. Me ponen un avión. Voy al aeropuerto en un taxi, desde donde hago las entrevistas para el programa en altavoz. El taxista lo va flipando bastante.

Cuando estoy en Málaga a las ocho con todo facturado, me dice el Señor de las Bestias que les acaban de decir que ya pueden ir a casa.

Ahí lo lamento por la productora. Qué casualidad. Recibo esta noticia esperando a embarcar. Pero también es verdad que mi pequeñito ha estado en una situación delicadilla todo el día y su mamá no ha estado a su lado. Que he aguantado hasta el final de la jornada sin haberme escapado para consolarlo y hacerle cariñitos y compañía. No está de más que vea que al final voy.

Aparezco en casa y está dormido. Ya verá que he vuelto al día siguiente…


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