Grandes males, grandes remedios

Le doy un Danonino a El Cachorro. Lo empieza a tomar y encuentra algo raro.

– Mamá, hay salsa…
– ¿Salsa, en el Danonino?
– Sí, salsa, o sal… Toma, prueba. – Pero caigo. Lo he cogido del fondo de la nevera.
– ¿No será que hay partes que están congeladas? Es hielo, cariño, ¡con lo que te gusta el hielo! – le intento disfrazar el desastrico para que no haga ascos a un lácteo que va a tener que masticar y deshacer en la boca.
– ¡Ay, sí, es hielo! – Está encantado. Pero enseguida se le pasa. – Estoy cansado de derretir el hielo – me informa. Y, de pronto, se le ocurre la solución.

niño

– Le voy a poner un poco de sol – determina. Para que se derrita. Y ahí está, acercando el yogur al sol.

Pero mira que es apañado.


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