En danza a la hora de comer

¿Os he contado que Don Bimbas tiene un poder? Tiene el poder de hacer que se nos enfríe la comida a todos los adultos de la mesa. Seamos cuantos seamos.

madre 13 (1)

A ver, os cuento. Nos vamos a comer mis padres, mi hermano y su familia y yo con estos dos mendrugos. Y Don Bimbas la empieza a liar… No come, no para, tira cosas… Yo ya hiperventilando, negra. ¡Es que me saca de mis casillas!

Y como no podemos seguir dando el espectáculo en el restaurante, salgo con él y lo llevo castigado al coche. Que lo meto y lo ato en su silla y lo encierro, y me quedo al lado esperando que me suplique que lo saque, y el otro TAN PICHI. ¡¡¡Deeeee mis casillaaaaaaaaassss, me saca!!!

Llego a un trato con él (me autoengaño para pensar que ha sido un trato y que yo no he terminado claudicando) y volvemos. Que se va a portar bien, dice. Y le dura la cosa seis minutos. Seis. Creo que no llega.

Monto en cólera y mi hermano intenta aplacar ánimos llevándoselo él fuera del restaurante. Al rato (al mucho rato, pues Don Bimbas no es fácil de doblegar), vuelve. Mi hermano, que es un poco cándido, está convencido de que con su buen hacer ha conseguido cambiar el comportamiento de Don Bimbas radicalmente. Está seguro de que esta vez sí que sí. De que esta vez estamos ante un niño nuevo, que no va a armar ningún pifostio y que se lo va a comer todo. Claro que ahí está Don Bimbas, listo para tirar por tierra toda esa ilusión a los cinco minutos de haber entrado. Cinco. Creo que no llega.

Entonces es mi padre quien toma el relevo. Y hace la misma jugada que mi hermano y mía. Con prácticamente idéntico resultado…

Y yo entonces observo que los que están comiendo fuera, en la terraza, deben alucinar. No hacen más que ver la misma escena:

1. Sale un niño enrabietado, armándola, en brazos de alguien.
2. Desaparecen un rato.
3. Vuelve el niño cariacontecido, más calmado y con pinta de formal.
4. A los pocos minutos, vuelve a salir el niño llorando y pataleando.
5. No se sabe nada de él en otro rato.
6. Vuelve de nuevo serio pero calmado.
7. Etc.

Y alucinan porque todas las veces se trata del mismo niño diabólico; lo que cambia es el adulto que lo lleva en volandas.

Un adulto que, como el resto de adultos de la mesa, come frío.


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