El regalo

Una mamá del colegio y su hijo invitan a Pablito al cumple de su amiguito. La celebración consiste en ir todos, unos 9 críos, al cine. Me parece de lo más original y acertado. Me gusta.

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Pregunto en el grupo de Whatsapp montado a tal efecto que qué va a querer el cumpleañero de regalo. La madre replica que acabamos de venir de Reyes y que no hace falta. Insistimos, pero al final nos informa de que han comprado un regalito de Lego y le dirán que es nuestro, que no hace falta que pongamos nada.

Eso es un poco horreur, porque ir sin nada nos parece un poco cutre, pero igual a ella le parece que lo es pedirnos 5 euros, que es lo que normalmente se suele poner en los cumples, cosa que no lo es (cutre). En cualquier caso, pienso en comprar un regalito. Pero, como os digo, tengo un panorama en Pamplona intranquilizador y al final acabo yéndome y endilgándole el marrón a Tato. Con “marrón” no solo me refiero a llevar a los niños al cole, sino a hacerse cargo de ellos al completo: cole, extraescolares, baños, cenas, etc. Pobre.

Hoy por la tarde ya me informa de que está yendo para el cine, y me pregunta por el regalo. “Leches”, pienso, “el regalo”. Le explico la situación. Que la madre nos ha insistido en que nada de nada, que lo mismo puede ofrecerse a comprar gominolas para todos…

Cuando llega, me llama:

– Somos los padres más cutres. Hay madres con bolsitas con regalos.
– No jodas, ¿todas?
– Bueno, alguna no.
– Uff, menos mal. No obstante, haz lo de las gominolas. Hay chuches ahí. Compra para cada niño.
– No.
– Por qué no.
– Porque no.
– Te da vergüenza.
– Sí.
Yampezamos.

Le insisto en que, de vergüenza nada. Que tiene que superar estas cosas. Es que le da vergüenza todo, madre mía.

– Es mejor que te ofrezcas y que no se quede con la idea de que somos unos ratas.
– Bueno, ya lo veo.
– … No vas a ir a decirle nada.
– No.

Si me lo conoceré…

– Bueno, pues deja al crío, ve a comprar un regalito y lo das a la vuelta. Dices que se te ha olvidado en casa…
– Bueno, ya lo veo.
– … No lo vas a hacer.
– No.
– ¿¿Pero por qué?? – Me saca de quicio.

Después de dejar a Don Bimbas, hablamos por teléfono y le vuelvo a insistir. De hecho, ha de ir a comprar ropa interior a los críos y calcetines, que tienen todos con una de tomates que parece que van al cole descalzos.

– Ya que vas al centro comercial, compras el regalito.
– Bueno, ya lo veo.

Y así.

Pasado un rato, exactamente cuando ya ha ido a recoger a Don Bimbas, me llama:

– Ahora todas las madres han traído regalitos.
– Ah, genial. ¿Y tú?
– Yo no.
– AH, GENIAL. ¿Ves? ¿¿Ves?? Las otras han espabilado y han aprovechado este rato para comprar el regalo. Y tú, mira, dejándonos como los más cutres de todos. Sin compartir el título con nadie. ¡Tienes que salvar nuestra reputación!
– Bueno, ya lo veo.
– No, ya lo veo, no. Vas y le dices que lo dejé comprado y que no lo has encontrado en casa o que se te ha olvidado o algo así.
– No me atrevo.
– ¿Quieres quedar como un cutre?
– No, yo digo que te encargabas tú y ya te apañas.
– ¡TE MATO! – capaz es.

Colgamos y me vuelve a llamar.

– Está abriendo sus regalos.

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– ¿Has hablado con la madre?
– No.
– Diiiile lo que te he dichoooooo…
– ¿Qué le digo?
– Pues que lo teníamos comprado y que no lo has encontrado en casa.
– No me va a salir. Me va a cazar.
– Que no te va a cazaaaaar, que tú mientes muy bieeeeeen.
– No, no me va a salir.
– Pues dile que te lo has olvidado en casa.
– Noooo.
– ¡¿Cómo que no?! ¡Hijo, no es tan difícil!
– …
– Bueno, y si se nota que es trola, por lo menos ve que nos avergüenza ser cutres y que lo vamos a solventar, que no somos unos jetas.

Ese argumento parece convencerlo. Al poco…:

– Ya se lo he dicho.
– ¿Sí? Qué bien. ¿Qué le has dicho?
– Que me lo he dejado en casa y que el lunes se lo llevamos.
– Ah, estupendo.
– Luego – me recomienda – mándale tú a la madre un mensajito tipo: “Me ha pasado una foto de tu hijo abriendo regalos y cuando le he preguntado si le había gustado el nuestro, ha dicho que no lo había llevado, casi lo mato”, y así cuela más.
– Jaa, ja, ja. Bueno, ya lo veo.

Por la noche, estando con mis amigas de Pamplona, les enseño la foto de Don Bimbas con los compañeros de su clase. Le pasan todos tres cabezas. “Hombre, el del cumple le lleva un año, porque cumple en enero y mi hijo en diciembre”, apunto. Pero como soy una tipa bastante objetiva, añado: “Claro, que supongo que no todos los amiguitos han nacido en enero… Vaya, que no hay más que vernos, sobre todo al padre”. En su familia sufren canijismo. Así que no podemos pretender que mis hijos destaquen por su altura, precisamente…

Lo raro es que esta semana ha ido a la revisión de los 4 años y nos han dicho que en cuanto a altura está dentro de la media.

En fin, que la cosa continúa…

Al día siguiente, el Señor de las Bestias, pequeñito pero matón, se lleva a los críos a hacer una ruta con el coche por Guadalajara. Caída la noche, ya de vuelta a Madrid, hablamos por teléfono:

– ¿Te acuerdas de que quedaste con la madre del cumpleañero en que le llevabais el regalo mañana lunes?
– ¡Ay, es verdad! Pues a ver qué hago. Llevo a uno dormido y son las mil.
– ¿Y no se te ocurre pensarlo antes?
– ¿Y dónde coño narices lo compro, en medio del campo?
– ¡Pues vuelve antes, hijo, que lleváis desde las nueve de la mañana danzando y ya tienes a uno mórtimer total! ¡No hace falta reventar a los críos durante 13 horas! Aaaay, en fin, despierta al peque y vais al centro comercial – qué guay son los centros comerciales, que abren en domingo y hasta las diez.
– Bueno, ya lo veo. – Qué manía tiene este hombre de dejarme con el intríngulis hasta el final.

Confío en el corte que le puede dar cruzarse con la madre e ir con las manos vacías. En efecto, ese pensamiento ha debido cruzársele por la cabeza, que al rato me llama y me pregunta que si un Lego de 26.90 euros está bien.

– ¿¡26,90!? ¡¡Pero, hombre, Tato, no te pases!! ¡Eso no se lo han gastado ni sus padres! ¡Ni de broma!

Ya no me vuelve a llamar. Yo soy más comedida (una rata, a sus ojos) y más práctica (también de la liga “Tienen Demasiados Juguetes”), y además soy capaz de tenerlo dando vueltas en busca del regalo perfecto: bueno, bonito y barato. Así que decide actuar por su cuenta, y adquiere un Lego algo menor, de 15,50 €.

Yo ya me doy. Que entregue el regalo y acabe con esta pesadilla, por Dios.


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