El pulso

Don Bimbas tiene carácter, sí. Y me echa pulsos sin parar. Primero, cuando le llamo y no viene. Eso ya sabéis que es su especialidad. Se la pela lo que le diga, o lo que se pierda, si no se quiere mover porque está chinado perdido, no se mueve.

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Pero últimamente, cuando ve que le compensa venir, pero no quiere dar su brazo a torcer, si le digo “ven”, me dice “no, ven tú”. Y tengo que ir, claro.

Tengo que acercarme hasta donde está él y, entonces sí, consiente en venir conmigo y hacer lo que le digo. Claro, que a mí también me revienta que ese canijo me mande, así que alguna vez (me sobran dedos de una mano si las cuento), contraataco diciéndole yo: “No, tú, ven tú”, y él no viene y mi enfado va in crescendo, le riño y me largo y él pierde las cuerdas vocales gritando, y así pasamos el gran rato, la mar de bien.

“No, ven tú”. Con dos cojones, mi niño.

¿Qué por qué me compensa no tirarlo por la ventana? Porque es un experto en amor verdadero. Porque cuando lo acompaño a la cama…:

– Te quiero – le digo.
– Te quiero yo a ti.

(Ya, ya sé que hay un post en el que contaba esto, que él siempre responde: “Te quiero a ti”. Hoy ha introducido la variable del “yo” y me ha parecido oportuno volver a sacar el tema. Más que nada porque me priva y me enamora y quiero sacarle partido antes de que se le pase esta vena tan amorosa).

De verdad que no hay nada en el mundo que supere esto.

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Me recontrachifla este lenguaje como de yo Tarzán, tú Jane.

Me estalla el corazón.

Me reconcilia con él y él sabe que así consigue una especie de salvoconducto para cuando me pone de los nervios y me reta.


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