Manipular el subconsciente

Se me acerca El Cachorro y me salta así, de la nada:

– ¿Sabes que Dodot es todavía más seco? Los pañales.
– ¿De dónde sacas eso? – ¿Eh? ¿A qué viene? Vamos, me pilla en fuera de juego.
– No sé, está en mi cabeza.

Acto seguido reconoce que lo ha visto en la tele.

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Bueeeno, al menos identifica cómo se originan las voces de su cabeza…

Ojo con cómo manipula la publicidad nuestro subconsciente. La publicidad y lo que no es publicidad, pues existen por ahí verdaderos maestros de la manipulación. Mi chiquitico es un gran exponente.

El poder de convocatoria, el don de gentes y el carisma de Don Bimbas son míticos. Allá donde va llama la atención: paseando por la calle, yendo en metro, estando en el cine o en el supermercado. La gente se le queda mirando. Hoy desayunando también ha tenido su público en la mesa de al lado. Una pareja no le ha perdido de vista. Les hacía una gracia loca, mi pequeño.

Y él… claro, sabe aprovechar la circunstancia. Como es de natural gorrón, les ha sacado jamón del bueno.

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Y lo mejor de todo es que lo hace sin pedirlo, lo hace de una forma en la que el otro cree que la decisión de darle algo sale de él. Pero desde luego ha sido convenientemente (¿o debería decir subconscientemente?) manipulado por Don Bimbas, eso seguro. Porque de verdad que no es normal que el mundo le tenga tan contemplado. No es normal que camine por la calle y un desconocido le regale algo, sin siquiera habérselo pedido, sin siquiera haberle dirigido ni una mirada. De alguna manera este pequeño ha desarrollado la capacidad de doblegar silenciosa y telepáticamente nuestro subconsciente para que su vida sea más amable, más bonita, más fácil.

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A mí también me hace creer que cargar con él es la mayor felicidad que puedo alcanzar en mi existencia…

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Me tiene totalmente convencida de ello. Es demasiado, el tío.


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