El peor día de su vida

Llego pronto a casa. Las siete de la tarde. Je. Prontísimo, sí. Pero así es mi vida. El caso es que cuando entro mis hijos no están. Se deben encontrar abajo con la mujer que los cuida, jugando. Pero a los tres minutos aparece esta con El Cachorro, que se hace caca. Vuelve a bajar para estar con el pequeño, que lo ha dejado con una vecina. Me quedo al cargo.

Cuando termina, aprovecho para decirle que ya no vuelve a bajar, que tiene que hacer uno de los innumerables (y “sencillitos”) trabajos que nos encarga su profesora.

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Bueno. Imaginad. ¡La que ha montado (con toda la razón) ha sido mundial! Porque esto ha sido una traición en toda regla. Solo por el hecho de tener un apretón, se le acaba de fastidiar la tarde.

No es que me guste ser la madre mal rollo y bajonera, pero se nos están acumulando los trabajos de marras y este le llevo diciendo que lo haga tres días y no hay tu tía, ni empezar. Me saca excusas hasta la mujer que los cuida. Y el Señor de las Bestias aún está por enterarse de lo que hay que hacer. Así que, nada, me toca el papelón de la casa.

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Lo mando al salón de mala leche, ya con cinco minutos de protestas acumulados. Y me salta:

– ¡Hoy es el peor día de mi vida!

Aaaay, hijo, ojalá. Qué dramático es siempre. Ya lleva unos cuantos “peores días de su vida” en su haber. Pero centrémonos en este… Como ve que no despierta mi compasión, pasa a la amenaza:

– ¿A ti te gusta tu día? Pues no te quiero, a ver qué te parece.

Le ha faltado añadir “hala, jódete”.

El caso es que no le ha servido de nada. Hoy al menos hemos hecho la mitad de ese trabajo. Algo es algo.

Como ya lo tengo chinado perdido, más tarde, cuando me ve pintarme el ojo para salir por ahí (sin ellos), me echa en cara: “Todo el día con tus amigos y ahora te vas con tus amigos”.

Tengo un evento y me piro. Y él se piensa que mi vida es como la suya, que mi curro es como su cole. Cree que en el curro estoy con mis amigos (vete a saber qué se piensa que hago) y que encima luego, al salir, cojo y vuelvo a estar con ellos.

Esto viene a cuento de que cuando se queja de que ha jugado poco en el patio con sus amigos, yo le dijo que se pega la vida con ellos, que están todo el santo día en el cole mano a mano y que cuando vuelven a casa, también. Porque se da la circunstancia de que su mejor amigo es su vecino y va a su clase. O sea, no hay un par de amigos en esta vida que inviertan más tiempo juntos que estos.

Así que cuando protesta cuando me dice que ha estado poco en el patio, yo me muestro dolida: “Oye, tú, que estás siempre con Rodrigo, llevas todo el día con él y a mí ni me has visto… ¿¡y aún quieres estar más con él que conmigo!?” Me fastidia bastante, la verdad.

Pero resulta que hoy, como yo salgo, tengo “morrazo” porque teóricamente voy a hacer lo que hace él toooodos los días, querer estar con mis “amigos” antes que con él… Es que encima se lo creerá, el tipo.

Vamos, que hoy mi hijo me quiere MO-GO-LLÓN.


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