El nene tiene poderes

Cuando este pequeño quiere algo, no tiene más que quedarse mirándolo fijamente…

Niño con su abuelo

Y de forma inmediata pasa a ser de su propiedad.

Niño con su abuelo

Otro ejemplo. En forma de cuento, venga.

Érase una vez una joven (¡sí, joven!) princesa que era muy desdichada porque encontraba que no se encontraba. Comía caramelos a todas horas. Los saboreaba, chupaba, mordía, mascaba… continuamente. Siempre, en busca de aquel que fuera mágico, porque solo un caramelo en todo el reino tenía el poder de devolverla a su estado original, pues en realidad tal joven princesa, que además era muy guapa… dejadme, ¡el cuento es mío!… a lo que iba, esa princesa… ¡¡era una dragona encantada!!

Niño con su madre

Pero cuando andaba ahí dale que te pego al chupeteo de un caramelo ensartado en un palo, con bastantes probabilidades de que se tratara del dulce mágico, apareció un apuesto príncipe azul de corta estatura, que se acercó y alargó su mano para intentar arrancar tan delicioso y preciado bocado de sus fauces.

Niño con su madre

– ¡No, no! No e lo ites! – Bramaba la dragona aprincesada, con la exquisita bola entre sus dientes – ¡Es ío!

Pero el valeroso principito no se amedrentó, utilizó todas sus fuerzas y consiguió arrancar el caramelo mágico de la boca de la dragona, que por tanto continuaba disfrazada de princesa.

Y rápidamente se puso a examinarlo.

Niño con un caramelo

Determinó que, en efecto, se parecía mucho a lo que él personalmente andaba buscando, y antes de que nadie pudiese detenerlo, ¡se metió el caramelo en la boca!

Niño con caramelo

En realidad al príncipe azul le traía sin cuidado que esa bella princesa dejara de serlo para convertirse en un gran monstruo. El príncipe azul estaba harto de andar cabalgando siempre un hermoso corcel, porque tenía ya callos en el culo, de ir besando princesas remilgadas, de ir vestido del color del cielo más tierno y de ser bajito. El príncipe azul quería ser un temible y gran dragón que en vez de suspiros ñoños a su paso provocara gritos histéricos, que comiera ovejas enteras que haría a l’ast con las llamaradas que lanzara por su boca, que volara.

Niño con caramelo

Así que chupó, relamió, sorbió, con todas sus fuerzas. Pero no vio que le nacieran unas alas en la espalda, ni una cola en la rabadilla, ni que le salieran escamas, ni que sus ojos se volvieran amarillos. A cambio, el único grito histérico que oía era el de la princesa a la que había birlado el caramelo mágico, al ver cómo se lo comía él.

Viendo que el caramelo menguaba sin producir metamorfosis alguna en su ser, en seguida dedujo que se trataba de un dulce corriente y moliente. Así que lo soltó y le devolvió lo que quedaba de él a la princesa, a la que a le daba igual si era mágico o no, porque lo de volver a ser dragona se había convertido con el tiempo en una burda excusa, ya que con tanto lameteo por aquí, tanto chupeteo por allá, se había convertido en una adicta al azúcar, y solo quería saborearlo. Pero el príncipe azul, que era muy cuco, se aprovechó de esa ansia de la princesa y le puso una condición. Le dejaría que terminara el caramelo en paz si la golosa princesa le cambiaba la ropa y le quitaba el azul de encima.

Niño

Y la princesa accedió. Ambos se adaptaron a la situación y sacaron provecho de las circunstancias. Algo era algo.

MORALEJA: Si le das una chuche a una dragona, hará lo que tú quieras.

Y, volviendo a la vida real, sí afirmaré que no todo lo que aparece en los cuentos es ficción. El Cachorro lo que tuvo al quitarme ¡a mí!, algo ¡de la boca!, ¡¡es VALOR!! Mi príncipe valiente.

2 pensamientos en “El nene tiene poderes

  1. Que cuento tan genial!! Me encanta como escribes y tu blog! Me haces pasar unos grandes ratos leyendo tus post, me chifla tu ironía a la hora de relatar lo cotidiano!! He de confensar que no me pierdo uno! Que suerte tiene el pequeñajo de tener una mamá tan divertida! Fuera las drama mamás jaja, muchas gracias! Un besiño desde VigoGalicia

    • ¡¡Ay, por favor, qué comentario más rico!! Gracias por dejármelo. El próximo, con un kilo de percebes, que por ahí tenéis excedente. 😉

      En serio, Isabel, no sabes la emoción que me ha producido leerte. ¡MUACA!


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