El máquina

Dice el profe de El Cachorro, que es un tipo que me parece muy majo, que este tercer día de clase ha sido el mejor, que se lo han pasado de miedo, que es un máquina, que ha hecho algún salto, que han ido hasta por nieve virgen (paquete) y que cómo se nota que hace deporte. ¡Y han bajado una negra!

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Maquinón total.

Pero luego se va y El Cachorro me sigue contando cosas. Algo que parece que le ha marcado. Me dice que, para animarle, cada dos por tres su profe le suelta: “Venga, no me seas nenaza”. Y a él no le gusta que le llame eso.

Y yo espero que no le guste por lo que lo espero. Aunque me temo que es demasiado pequeño y no le gustará porque no quiere que le llamen nena. Y ahí es cuando entro yo como un morlaco al capote y le digo que a santo de qué le tiene que decir eso su profe, que está muy confundido y que no tiene ni idea. Que está utilizando llamarle niña como si fuera un insulto. Le aclaro que ser como una “nena”, no es, ni mucho menos, algo malo, porque para muestra, un botón: su señora madre esquía muuuuucho mejor que su padre y que su tío, y que todos los hombres que él conoce.

En cualquier caso, El Cachorro se siente incómodo con ese apelativo, que se le quedará clavado, un año después puedo decirlo, parece que para siempre.

“Nenaza”, dice el tipo. ¡Con lo bien que me caía!


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