El incordio

Una casa de cuatro habitaciones, dos baños, cocina y salón y el Bimbainas tiene que ponerse a jugar sentado en mis piernas y utilizando mi mesa de trabajo… justo cuando estoy trabajando.

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Y va colocando coches y dice mientras choca con el brazo de mi mano, que está escribiendo: “¡Pi-piiiiii!”

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“¡Oye, majo! ¿No tienes otro lugar para jugar?” “No”, me contesta. Y ni se inmuta. Se queda tan ancho. Y así no hay quien escriba un diario ni nada.


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