El imperativo según El Cachorro

El renacuajo me da órdenes sin parar. Tiene un don para mandar. Sabe exactamente lo que quiere y lo pide.

niño

Le encanta, por ejemplo, que si él asiente con la cabeza, yo niegue. Así que cuando quiere jugar empieza a asentir lentamente y me ordena: “hase que no”. Y yo, a decir que no.

“Hase”. Qué mono.

¡Y así pasamos el rato, oiga!


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