El hijo ideal

Tres días antes de que acabara el cole, El Cachorro estaba empeñado en llevar una nevera, el viernes, para traernos a su padre y a mí el helado que, como día especial, le iban a dar de postre en la comida.

¿Pero puede ser más ideal?

Yo me pegué tres días convenciéndole de que se tomara él el helado, argumentándole que, por mucha nevera que llevara, iba a llegar derretido a casa. Que lo disfrutara con sus amigos. Pero no parecía que fuera a tener demasiado éxito. Que la nevera era la solución, decía. Lo malo es que es navarro, y cuando se nos mete una idea entre ceja y ceja…
(Pero yo también, así que lo logré convencer in extremis).

¿Cómo es que tengo un hijo tan cumplido? Es el colmo de la generosidad.

Hoy se levanta hacendoso. Vamos a la cocina y me ofrece:

– ¿Te corto bizcocho?
– Sí, pero pequeñito.

Lo hace.

madre 30 (1)

– ¿Te lo corto en trocitos? (La última vez que cortó algo en trocitos, lo dejó hecho migas).
– No, por la mitad.

Luego me ha pedido fregar el plato.

– Oye, ¿qué ha pasado estos días, que haces tantas cosas bien?
– Porque estoy creciendo y estoy a punto de cumplir 7 años. Y así no tienes muchos deberes.

Remata el desayuno con un zumo.

madre 30 (2)

– Es el primer zumo que he cortado y he hecho yo solo sin nadie.

Este hijo está que se sale. Lo malo es que sea flor de un día. Pero, mira, eso que me llevo.


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