El gran dictador

Como es así de oportuno, Don Bimbas se ha dormido justo antes de que llegara al restaurante en el que había quedado con unos amigos. Y ha decidido volver a la vida justo cuando hemos salido. Así que se ha quedado sin comer.

Nos dirigíamos a tomar una copa a una terraza. Y yo quería llegar pronto por si nos podían sacar algo de comer para mi pequeño. Peeeero, nos ha costado llegar la misma vida.

Sin título

Igual nos hemos pegado un kilómetro así, él tirándose en el suelo y llorando SIN DISMINUIR NI UN ÁPICE LA INTENSIDAD cada dos metros.

Quería que lo llevara en brazos, pero no puedo hacerlo todo el rato. Tengo la espalda hecha cisco. Así que le hago placajes para atarlo en el carrito, utilizando la fuerza bruta, porque se resiste como si en realidad yo lo quisiera empalar. Lo consigo no sé ni cómo y total, para nada, porque encima él no hace sino escaparse sin parar. Qué suplicio chino.

Menos mal que mis amigos han entendido que no podía ceder (una pareja de padres y una amiga “niños friendly” que está muy volcada con que se les eduque bien y que no sean unos monstruitos déspotas). Ya estoy consistiendo en muchas cosas, perdiendo el pulso que me echa en varias ocasiones, y este crío no puede ver que se sale siempre con la suya montando pollos. Así que nos ha costado llegar a tomar algo como una hora, en vez de los veinte minutos que debería habernos llevado.

Santa paciencia…

En el sitio no hacían comida porque la cocina estaba cerrada, pero han accedido a apañarme un sándwich mixto. Lo han traído y Don Bimbas ha parecido interesado… hasta que justo después, para acompañar nuestras copas, nos han colocado en medio de la mesa un cuenquito con gominolas. Bueeeeeh, para qué queremos más. Casi escupe el sándwich y por poco lo tira al suelo del manotazo que le ha dado, lanzándose en plancha a las gominolas. Las hemos tenido que esconder. Pero él ya no quería el sándwich de ninguna de las maneras. Ha roído un poco el borde por quedar bien (y porque me ha visto ya bastante seria), pero enseguida se ha abalanzado sobre la palmera de chocolate de su hermano. Así que el sándwich me lo he comido yo. Y este, a limpia gominola, bollos y demás marranadas.

Sin título

Es yo.

En fin, que luego me pregunto que por qué estoy tan agotada…


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