El descanso de la guerrera

El descanso de la guerrera es tirando a breve. Muuuuy breve. Me he pegado todo el sábado quitando el polvo, pasando el aspirador, bañando a los críos, limpiando la terraza (bueno, esto con ayuda)…

niño

… haciendo comida, recogiendo, ordenando, fregando… Consigo dormir, oh milagro, a los dos mochuelos a las 17:10 h. Me pongo el bikini porque hace un día fantástico y es hora de estrenar la terraza recién limpia. Estiro la toalla. Se nubla todo el cielo. Inasequible al desaliento, resisto, «al menos me echo una siesta», me digo. Y a las 17:27 h…

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Tachán.

Hale, otra vez en marcha.

Total, que viene a ver qué se tercia y encuentra mi lata de Coca-Cola.

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La lata está sin abrir (ni tiempo me ha dado), pero él imita a su mamá. Encantado. Hace hasta ruido de beber. (Eso es aportación propia, yo no hago ruido al beber).

Luego ha estado jugando con ella hasta que ha pasado lo inevitable (aunque yo he estado poco lista y no lo he previsto). Ha estampado la lata y lo ha dejado todo pringado. El suelo, el cristal, él mismo.

Pero eso no es lo peor. Volviendo al tema imitación, y di que procuro esconderme, después ha ido a mi bolso, ha encontrado mis cigarrillos, ha sacado uno y se lo ha metido en la boca. Por supuesto, yo ya lo he pillado cuando andaba escupiendo con cara de asco. No tiene ninguna gracia el asunto, pero él estaba la mar de gracioso metiéndose las manitas en la boca y sacándose el tabaco. Y tiene toda la razón del mundo, es un asco y una mierda.

Vamos, que la guerrera no puede bajar la guardia ni un maldito segundo.


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