El báculo de mi vejez

Dicen que un hijo acaba siendo tu báculo, tu bastón. Mi hijo, con sus seis años para siete, ya lo es. Él me complementa, me rellena. Me adivina.

madre 30 (1)

Yo ya ando tan fatala de memoria que ya no me vienen a la lengua las palabras. Las olvido. No me acuerdo de ellas cuando mantengo una conversación normal. Por eso soy cero seria echando broncas, porque me bloqueo, porque quiero decir algo que no me viene a la cabeza y me quedo ahí trabada, en ascuas, diciendo “eeeeeeh, eeeeeeh”, y así es imposible resultar contundente.

Hoy mi hijo me lo ha hecho notar:

“Mamá, no sabes hablar, menos mal que estoy yo”.

madre 30 (2)

Esta mañana, precisamente, he estado sembrada. En el baño:

– Por favor, ven para poner el este.
– Noooo, es una banqueta.

Acto seguido:

– Estoy secándome con el este y no te oigo.
– Es un secador.

Cogemos el coche. Yo ya ando metiéndome con los conductores:

– ¡Pero bueno, salao, ¿para qué tienes los intermitentes?!
– ¿Qué pasa, mamá?
– Pues que se cambia de… cómo se dice…
– De carril.
– Eso, y tiene que avisar, tiene que poner los intermitentes.

Y así, en un ratico de nada.

Luego me permito el lujo de criticar que Don Bimbas se haya pegado tres años de su vida valiéndose con un par de palabras. En mi caso, menos mal que existe “el este”, porque con “el este” me manejo para todo. Qué desastre. Menos mal que hace años que no hago un directo en televisión, porque os ibais a enterar DE NARICES.


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