Dueños

– “Ete piesito é le mamá” – sentencia El Cachorro.
– ¡En efecto! – corroboro – ¡Y el otro piecito también es mío!

niño

Ya sabe el peque que me lo como entero y que no comparto. Que los dos piecitos son míos, así como el culete y el tirrín. Y tanto lo repito y tan feliz ve mi hijo que me hace, que por pelotearme va y me suelta eso.

Cuando le respondo que los dos son míos, me pregunta:

– ¿Y qué é le papá? ¿La oreja?

Jaaajajaa. El pobre preocupado por dejarle algo. Eso de la oreja se lo dije un día, que todo él era mío y que, si su padre se portaba bien, le daríamos la oreja izquierda. El Cachorro ha querido proteger esa pequeña pertenencia de su amado padre.


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