Hermanos pequeños con trato de favor

El Cachorro ya se ha dado cuenta. Ya se ha percatado. Ha caído en lo que yo llevo diciendo toda la vida a pesar de que mi señora madre no haya dado jamás su brazo a torcer.

 

El Cachorro le ha dicho a la mujer que le cuida que sus papás le permiten más cosas a su hermano pequeño que a él y… TIENE RAZÓN.

La otra se lo ha disfrazado diciéndole que él no se acuerda, pero que cuando tenía la edad de Don Bimbas, también le dejábamos o no dejábamos hacer cosas exactamente igual que a él. PERO NO. El Cachorro ha sido un cielo desde que nació, y le poníamos límites y lo llevábamos como una vela. Lo bueno es que él obedecía. O aprendía de las reprimendas. Y las advertencias o los castigos no le eran indiferentes.

 

Pero el otro… ¡ay, el otro! Es igual de buena gente que su hermano mayor, muy simpático, graciosísimo, un amor. Pero es un rebelde de libro. Y si le prohíbes abandonar la mesa mientras estamos cenando, después de que solo se haya comido UNA CUCHARADA de su plato, te arma un pifostio de escándalo.

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Para empezar, la cuchara te la tira a la cara, y para continuar, le sacude un guarrazo al plato, y acto seguido se tira para atrás, doblado perdido, gritando y revolviéndose. Se arranca el babero y se pira de la trona. Cuando lo pillas y le dices que de eso nada y le intentas volver a colocar el babero, el forcejeo es lo más. Y no puedes con él. ¡No puedes con él! Y le intentas hacer que se quede sentado y tampoco. Y se sale de nuevo. Y sigue gritando rabioso como si le estuvieras arrancando las uñas con un alicate. Y al final claudicas, pero porque físicamente no puedes retenerlo si no es propinándole un martillazo en la cabeza, y él se larga tan pichi y petardea por el salón mientras nosotros continuamos cenando. Y eso El Cachorro, que no es tonto, lo ve (en el más amplio sentido de la palabra).

 

¡Claro que lo tratamos diferente! A él no le hubiéramos permitido semejante desmadre. Pero es que él no llegó nunca a esos límites, y no se atrevía a desobedecer de semejante manera. A Don Bimbas no hay forma humana de meterlo en vereda. Y admitimos que se largue de la mesa. Es verdad, le consentimos hacer algo que a El Cachorro no le dejamos.

 

A los hermanos SE LES TRATA DIFERENTE. Y ahora que soy madre, tengo más argumentos para rebatirle a la mía lo que sigue sosteniendo, que a mi hermano y a mí nos han tratado y educado IGUAL.

 

Y NOOOOOOOOOOOO.

 


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