DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Capítulo 9. Comer a deshoras

Hoy me he levantado con antojo. Me apetecían unos macarrones con tomate y chorizo y queso al horno que hago que están que se salen. En concreto unos que me había preparado en un tupper. No tendría nada de particular si no me los hubiera zampado… para desayunar. Esta foto está hecha a las 10:35 de la mañana. Tomen nota, señores: sientan de lujo.

Niño

Es que no sé por qué demonios las cosas hay que comerlas cuando se supone que hay que comerlas y no cuando realmente apetecen. Mi amigo Miguel aún se espanta cuando, hace años, me vio zamparme para desayunar una lata de fabada Litoral. Y no contenta con eso, otra de cocido. Júrolo. Se lo preguntáis si queréis. Tal orgía legumbrera me sentó de lujo. (Tenía una resaca de escándalo, todo hay que decirlo).

Y, por ejemplo, no me explico por qué en el supermercado no hay turrones después del 6 de enero. El año pasado estuve comprando (y comiendo) polvorones hasta junio. Los del súper no paraban de sacar bolsas de sus excedentes gracias a mí. Este año llevo el mismo camino. ¡Y tengo un seguidor fiel!

Niño

Otro adepto a la secta del polvorón a destiempo.


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