DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Cap 36. Las hormonas, haciendo de las suyas

No sé qué me pasa con este embarazo. Pero estoy moñas. En el anterior, tan pichi. En este, si me preguntan a bocajarro “qué tal estás” cojo y rompo a llorar.

Bueno, es verdad que hay gente que, no sé, por quién es o por cómo te lo pregunta, tiene el poder de dar en esa tecla que te transforma en un torrente de lágrimas. Mi amiga Bea, cada vez que la invito a comer a casa y entra por la puerta y me pregunta que qué tal estoy, zas. También es verdad que es un poco mi confesora. Y que a ella le cuento siempre cómo me siento de verdad de la buena.

Pero, ¿y cuando te ocurre con tu jefa? Pues eso me ha pasado hoy. Hombre, las circunstancias acompañan. Llevo una semana exacta separada de mi hijo y de mi chico y se me ha hecho eterrrrrrna. Y me quedan aún cuatro o cinco por delante. Pero, para colmo, estamos grabando en una isla que el wifi lo tiene ramplón y la comodidad, también. No obstante, por mi embarazo de seis meses, y también porque además de guionista soy una especia de coach de la presentadora, han tenido la deferencia de alojarme en el único hotel que hay, con ella, la maquilladora y alguien de producción. Aquí al menos estoy en un punto con un pelo de civilización, donde hay terracitas con sillas con cojines donde puedo plantar mi oficina, con mi habitación a mano para lo que quiera, con conexión (a veces) a internet, con ascensor… en fin, para lo que hay en la isla, gloria bendita.

Pero la grabación del programa que estamos haciendo se realiza en su mayoría en la otra punta, a una hora en coche por una carretera llena de curvas. Allí habita el resto del equipo, en apartamentos. Algunos tienen que compartir baño. Y están en una ladera que, para alcanzar la carretera o el supermercado, hay que subir unas empinadas escaleras que ni el Kilimanjaro. De los apartamentos se trasladan diariamente al punto de la mañana a la base de la grabación en la playa, donde hay un par de casas con unas mesas en el exterior y unos bancos. Ahí se trabaja y se come y se vive hasta que cae la noche y más allá. ¡Ah! Y el wifi brilla por su ausencia, así que olvídate de saber de los tuyos…

Niño

Pues bien, el director me solicita a su lado. Quiere que esté allí, más a mano. Así que me van a trasladar. Y me lo suelta hoy mi jefa suprema, que ha venido un par de días para supervisar el arranque de la grabación del programa. Y se me ha cambiado la cara. Y entonces me ha preguntado: “¿Pero estás bien?”. Y ole, para qué queremos más.

Así que me he puesto a llorar delante de ella. Lo peor es cuando intentas no hacerlo y hablar a la vez, y entonces se te desencaja la cara y te sale esa voz como de falsete, y le intentas asegurar que solo lloras por el embarazo, porque estás hormonada. Pero ella, que no ha estado embarazada jamás, te mira en plan “claro, claro” y piensa en que eres una moñas quejica y que ya veremos si me vuelve a contratar o no…

Ay, Señor.


Deja un comentario *
* Tienes que pertenecer al Club Cosmo para poder hacer comentarios