Devolución de hermano

Están El Cachorro y Don Bimbas en el salón. Yo, trabajando en el cuarto de al lado. Y, por supuesto, me llegan sus gritos y sus “eres muy tonto”, “¡tonto tú!”
Les grito a mi vez que ya vale. Y, como lo he oído todo, digo: “Simón, has empezado tú llamando tonto”. Entonces aparece todo disgustado diciendo que Don Bimbas le había pisado en la herida.

– ¿Pero sin querer o queriendo?
– ¡Pero tiene que mirar!
– Chico, sí, pero hay cosas que se hacen sin querer. Ya sé que te hace daño, pero no tiene la culpa.

Se vuelve a ir al salón. Vuelvo a escuchar gritos. Vuelve a aparecer El Cachorro. Otra vez quejándose, lloricoso.

– ¡Y ahora estaba haciendo el pino en el sofá y me ha dado un golpe en el hombro!

Está muy enfadado.

– ¡No quiero un hermano! ¡Échalo!
– ¿Lo echo de casa, entonces?
– O mátalo.

Jobar, tú.

– ¿Matarlo? ¿En serio?
– Me quiero quedar sin hermano, quiero un hermano educado. Que me pida perdón cuando me pisa la herida.

madre 28 (1)

Un hermano a la carta, quiere. Y seguramente que sea mayor que él. Eso es algo que lo dice mucho, que quiere otro hermano, pero mayor. Lo entiendo. Yo también quería tener un hermano o hermana mayor que yo. ¡Cómo lo deseaba! (Y eso que yo, desde luego, no era un ejemplo de hermana mayor ideal para mi hermano…)

Sin embargo, cuando se le pasan estas rabietas, El Cachorro valora bastante a su hermano. “Yo no quiero tener la vida de Fulanito (compañero del cole)… porque no tiene un hermano como yo”, dice. Últimamente parece que se alegra bastante de estar acompañado. “Si no tuviera un hermano ahora no podría jugar con nadie”. Y ahí es donde yo meto baza: “Claro, cariño. Por eso quería que tuvieras un hermano, lo encargué para ti” (lo tenía clarísimo y me empeñé bastante). Aunque el regalito, a veces, no le convenza demasiado…


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