Destrozos de obras de arte

A Don Bimbas no es solo que le guste tirar al suelo todo lo que pilla… lo que le priva es hacerlo con ganas, tirar las cosas con mucha mala gaita. ¿Y qué ocurre? Pues que pocos objetos resisten sus mandobles.

Ayer por la mañana me levanté y mis padres, en un aparte, para que El Cachorro no lo oyera, me cuentan que el pequeño, aparte de meter mano oooootra vez a la organización de sus cochecitos, que se pone malo, en una de estas ha agarrado una cosa de arcilla que había hecho su hermano en el cole, y la ha estampado contra el suelo. ¿Resultado? Lo previsible:

Sin título

Así que habrá que tirarlo sin que El Cachorro se entere y, si pregunta, hacernos los longuis, en plan «ay, pues no sé dónde estará, cariño, ¿no te acuerdas de dónde lo dejaste?»

Lo que se conoce como luz de gas. Ahora, es por una buena causa. Son más los beneficios que proporciona esa mentira que contar la dañina e improductiva verdad. Uno, El Cachorro no sufrirá de nuevo por ver el poco respeto (por no decir absoluto desprecio) que tiene Don Bimbas por sus cosas. Dos, no llorará durante veinte minutos por ver que su creación está rota. Y tres, no acabará odiando del todo a su hermano pequeño y tirándolo por la ventana, que está a un tris.

A mi favor y en mi defensa además he de decir que, pasados casi dos días, El Cachorro no ha preguntado por su obra escultórica. Y yo, que me lo conozco y sé que aprecia las manualidades lo mismo que el gotelé de una pared, es decir, nada, ni espero que lo haga.

Por cierto, se trataba de una taza. Sí, la cosa de barro esa. ¡UNA TAZA! ¿¿Tendrá valor??


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