Despiste morrocotudo

Bueno, bueno, bueno lo de esta mañana. Despierto a los críos, cambio al pequeño y le alcanzo unos calzoncillos limpios a El Cachorro. Y salgo para seguir con las mil cosas que hago a la vez por las mañanas: sacar el pan de la tostadora, hacer mi cama, meter el almuerzo en las mochilas… yo qué sé, de todo. Y oigo a El Cachorro que se ríe y me llama. Me asomo. ¡¡Mi hijo se acaba de quitar 4 calzoncillos que se ha ido superponiendo uno encima de otro durante estos días!!

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O sea, dos cosas. Una, su despiste alcanza cotas nunca vistas, que le hace no darse cuenta de que ya tiene un calzoncillo puesto cuando se pone otro. Y otro. Y otro. Y dos, no lo hemos bañado en 4 días.

Madreeeeee. Entre que yo trabajo de tarde y llego a casa a las once, entre que a la chica nueva (que se va, por cierto, y no me apena para nada) no se le ocurre hacerlo si yo no se lo ordeno, y entre que había que hacer trabajos y cosas y el padre llega a las ocho de la noche a casa, y hay que hacer cena y tareas y demás, pues eso, que el crío, de secano.

El día no tiene suficientes horas para todo lo que tengo que hacer. Y voy acelerada. Tanto, que ayer mismo me preparo un bocadillo, bien abiertito por la mitad… de NADA.

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Imaginad mi sorpresa al abrirlo.

Creo que habremos de donar nuestros cerebros a la ciencia.


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