De cazas indispensables y de suelos acogedores

Tres horas para hacer tres hojas de deberes y AÚN NO HA TERMINADO.

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Se lo cuento a su padre: “Se entretiene con las moscas”. Es que es increíble. Y lo de las moscas, no es metafórico. “De hecho, ha cazado una”, le sigo contando. Porque esto es real. Me ha venido con una mosca entre los dedos:

– He cazado una mosca.
– ¿Sí? ¿A ver?

Me la enseña.

– Está muerta, ¿no?
– Nooo.

La suelta y la mosca se escapa volando. Jíbalo. Su padre, alabando la hazaña: “Cazar moscas no es fácil. Igual es más difícil que hacer restas”. “Pues nada, fenomenal. ¿Cuánto pagan por cazar moscas vivas?”

Entre el padre y el hijo, no hago carrera.

Por cierto, ¿me quiere alguien contar la querencia que tienen mis hijos con el suelo? El Cachorro es ver un suelo y se tira, como habéis visto en la foto, cual largo es, a ver pasar la vida. Cuantas más cosas pueda hacer tiradazo en el suelo, mejor que mejor. Jugar a los coches, a los aviones, cantar, leer…

Pero no os perdáis al pimpollo. Aparece en el estudio. Estaba echándose la siesta en la cama. Me dice, somnoliento: “Tengo fríoooo”. Se tira en el suelo y…

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… ¡hale, a seguir sobando!

Ha estado dando un rayo de sol en el suelo y lo ha debido de dejar calefactado.

¿Qué hago yo comprando muebles, a todo esto?


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