Confesión

Acuesto a mis pequeños. Cuando voy a darle un beso a El Cachorro, y en realidad son veinticinco, y le digo que le quiero mucho, me coge y me dice: “Espera, que te diga una cosa”. Le ha cogido gusto a contarme secretos por lo bajini en la oreja. Así que me agarra de la cabeza y me la voltea para poner mi pabellón auditivo a la altura de su boca. Y va y me susurra: “Es verdad que soy muy quejica”.

MEEEEEEEEEE LOOOOOOOOOO COOOOOOOOOOOOOMOOOOOOOOOOO.

madre 27 (1)

Sí, siempre le digo que está continuamente protestando. Es que me habla ya quejándose, el tío. Todo es un lamento continuo, un grito, un echar en cara algo, un excusarse de mala gaita. Ha dejado de expresarse de manera normal.

Yo se lo hago notar constantemente: “Hijo, ¿por qué hablas así? ¿No puedes comentarme algo, pero sin quejarte?”. También es muy suyo lo de adelantarse a los acontecimientos, siempre esperando lo peor: “Seguro que voy y no quieren jugar conmigo”, “¿y si se ríen”, “¿a que vamos y ya se ha terminado?” Es bastante cenizo.

Pero esta confesión a mi oído: “Es verdad que soy muy quejica”, me ha privado. El primer paso es reconocerlo.

Es muy grande, el tío.


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