Confabulación mañanera fraternal

Sale el Señor de las Bestias de casa para ir a currar a las 8:15 de la mañana, y a y veinte ya aparece en mi cuarto Don Bimbas a dar la matraca: “Y caaaoooo”. Que no sé por qué todo lo pide con la “y” delante: “Y caaaaooo”, “y paaaaam”.

Quiere ColaCao y yo estoy muerta de sueño. Normalmente me tengo que levantar a hacérselo, pero hay veces que resulto más persuasiva (puede que sea porque él mismo me ve la cara de destruida) y lo convenzo para que se duerma un ratito más a mi lado. Y cuando ya consigo eso, que me cuesta lo mío, y lleva roncando cinco o diez minutos, hace su aparición el mayor. “Mamááá, despiertaaaaa”. Si continúo sin moverme, me argumenta: “¡Es de día!”

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Es que no puedo con este acoso, me supera este relevo, cómo se las ingenian para escalonar sus apariciones para luchar contra mi sueño. Van a acabar conmigo.

Y esta sincronización me imagino que la ensayarán en algún momento, ¿no? ¿La noche anterior, acaso?

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¿O quedan en la estrategia de par de mañana?

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(Aquí, parece que concentrados en la maniobra a seguir: “Tú primero, hasta que pilles sitio a su lado en la cama, y cuando se haya confiado y se crea a salvo, contraataco yo”). Porque todos los días (de verano, que entro a trabajar de tarde) igual. No me dejan remolonear ni un poco.

Claro que luego veo lo bien que se lo pasan en mi cama…

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… y empiezo a encontrarle una explicación a las cosas. Mi cama es un imán para ellos, porque es como una superficie de juegos.

Que yo también lo paso bien, no os creáis, porque veo esto…

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… ¡y me parrrrtooo! ¡Pero si parecen dos dibujos animados, no me digáis! JAAJAJJAJAJ.


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