Compartir es vivir (cómo, es otra historia)

Desayunando, El Cachorro se está metiendo un cruasán entre pecho y espalda y Don Bimbas le mira con cara de perrillo abandonado. Le pregunta su padre si quiere un poco, y dice “¡Ti!” Y le dice a El Cachorro: “¿Le das un poquito a tu hermano?” Da su consentimiento, porque es generoso y un cielazo. Total que se pone su padre a cortar y dice El Cachorro, indignado: “¡Pues vaya poquito que es!”

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A mí también me ha parecido un muchito.

Menos mal que, más tarde, es el pequeño el que le da a su hermano parte de su postre.

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Claro que no lo hace por pura generosidad. Lo hace porque El Cachorro, cada vez que le planta un trozo de pera en los morros, hace una succión exagerada con la que el peque se troncha vivo. Lo hace en beneficio propio, para procurarse su propia diversión. Lo que uno comparte por altruismo, otro lo hace por egoísmo. (Bueno, en esta ocasión. A Don Bimbas le pides un cacho de algo y también te lo da <3).


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