Cómo trepa el condenado

Va El Cachorro, gran trepador, y pide -lógica- ayuda para superar el último escalón de un parque infantil. Son escalones anchos y totalmente verticales. No llega al asidero.

 

Acto seguido aparece Don Bimbas y, delante de mis ojos, pim pan pim pan, se planta arriba del todo. También con un pequeño empujón en el culete al final. Un trepador nato como su hermano.

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El padre, para no variar, está en un banco viendo su FB, mucho más interesante que las proezas de sus hijos (y lo podéis comprobar en la foto). Es más, probablemente esté viendo el vídeo de otro bebé que esté haciendo algo similar a lo que hace el suyo. Manda narices.

El caso es que se lo cuento y no se lo cree. Hasta que Don Bimbas baja y lo repite.

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Después de comer el Señor de las Bestias sale del restaurante donde hemos comido con los críos. Me quedo yo pagando y salgo al rato. Hay una torre a la que subimos. Una vez arriba compruebo que el pequeño se puede colar peligrosamente por los tablones que hacen de barandilla. Así que lo bajo y luego, como es así de cabezón, no atiende a razones y la torre le ha molado todo lo del mundo, tengo que subir tres veces más a por él para alejarlo del peligro.

 

Más tarde, cuando ya nos hemos ido, me enseña el Señor de las Bestias las fotos que ha hecho él antes de que yo saliera del restaurante…

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¡¡PABERSE MATAO!! 😱😡

 

Y ya en casa, el colofón. Normalmente cuando el pequeño se porta mal, le decimos: “Como sigas por ese camino te vas a la cuna, ¿eh?” Y por lo general, sigue por ese camino. “¡A la cuna!”, le decimos, y lo llevamos en volandas, lo metemos, y él se queda llorando.

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Hoy hemos hecho una de esas. Lo metemos en la cuna, protesta y, a los dos minutos… ¡aparece en el salón! ¡¡Pero bueno!! ¿¡Cómo demonios ha salido?!

 

No sé de qué me sorprendo.

 

Se acabó el único recurso que teníamos para meter en vereda a este señorito. Nos hemos quedado sin nuestra última arma. Lo de la cuna ahora es un castigo de chichinabo. Estamos perdidos.


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