Cazote

Esto es de ayer. Estábamos Don Bimbas y yo en su cama, negociando su sueño. Ya empezaba que si con picores, y que “quiero cama tuya”. Y en esto que abre el ojillo El Cachorro y dice: “¡Os pillé!”

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Se queja, con razón, de que Don Bimbas duerme siempre conmigo y él no. Últimamente el pequeño viene todas las noches a eso de la una o dos de la madrugada, o cuando le dé, a mi cama. Aparece en la habitación, me habla, pregunta si puede beber agua y, como quien no quiere la cosa, se aúpa y hale, sin que pueda evitarlo, consigue su objetivo.

Algunas noches esto no sucede al rato, sino que la cosa es así desde el principio. Lo intentamos meter en su cama, pero dice que no, que en la cama de mamá. Y lo llevamos a “la cama de mamá” y se acuesta, aunque yo no esté. Mira, oye, si así se va a dormir, bienvenido sea. Para cuando decido empiltrarme yo, está roncando, y normalmente lo cojo y lo llevo en brazos a su cama.

Muchas de esas veces se despierta más tarde y vuelve a la carga, a dormir conmigo. El pequeño es el “dador-por-saco-oficial”, y marea lo más grande, y tiene que dormir en mi cama, o desde el principio de la noche, o a mitad, sea como sea.

Ayer, como digo, en plena discusión de si en mi cama sí o en mi cama no, El Cachorro, que estaba haciéndose el dormido, coge y salta lo de “os pillé”. Porque a él no se la damos con queso.

Por suerte, de las jugadas de su hermano, El Cachorro se entera menos veces de las que él cree, porque cae rendido desde el minuto uno. Esa suerte tiene. Pero las suficientes como para saber que su hermanito consigue dormir conmigo cuando él no. Y no por nada, más que, como digo, no le cuesta caer en brazos de Morfeo. Y porque si él se viene también, será TAMBIÉN, porque nadie podría echar a Don Bimbas de mi lado. Las veces que están los dos sí que es la garantía de que yo no voy a pegar ojo. Me tienen como una sardina en lata, recibiendo codazos en el costado, manotazos en la cara y alientazos en la nariz.

Esta noche ha sido una de las pocas en las que hemos metido a Don Bimbas en su cama ¡y se ha quedado ahí tranquilo, sin protestar! Albricias. Yo he estado trabajando en el ordenador hasta la una y media de la mañana. Me las prometía muy felices, pensando en que todo estaba bien, en que, por fin, era una noche normal, pero cuando voy a mi cuarto, me encuentro con esto:

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Se ha debido despertar y, solito, muerto de sueño, ha llegado a su objetivo y lo ha medio conquistado. Lo justo para ser feliz. ¡Si es que tiene un imán!


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