Canalcar

Mirad, no puedo, os lo juro. Hay un anuncio que odio por encima de todas las cosas. Pero lo odio con todas mis fuerzas. Me genera un rechazo desconocido, animal.

Es el de “Canalcar”.

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Le cogí manía cuando me lo cascaban ahí en la radio todo el santo rato. O, claro, igual no muchas veces, pero a mí se me hacía interminable y cada anuncio me valía por siete.

“En Canalcar compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche. En Canalcar, compramos tu coche. ¿Sabes qué? En Canalcar compramos tu coche”.

Este es el anuncio. Absolutamente irritante, pesado y desagradable. Abyecto. Un cero patatero al creativo y a la empresa. Un asco. O-D-I-O el anuncio de Canalcar.

Cada vez que sale, bajo el volumen del todo. O apago la radio. Tal cual.

Y El Cachorro, claro, se queda con la copla. Yo, cuando mayoritariamente oigo la radio, es al llevar a los críos al cole. Y es salir el anuncio y, zas, apagar.

– ¿Por qué bajas la radio, mamá?
– Porque NO-AGUANTO el puñetero anuncio.
– ¿Cuál?
– Este – y pongo voz de asquerosita y repelente –: En Canalcar compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche. ¿Sabes qué? Compramos tu coche.

Pues bien, hoy me llama por teléfono al trabajo.

– ¿Sí, cariño?
– Mamá, ¿te digo los Tres Reyes Magos?
– Claaro.
– Melchor, Gaspar y Canalcar.
– ¿¡CÓMO!?

¡ARGH! Yo esta versión navideña no la había oído. Pero, vamos, le he cogido tal manía a esta empresa que me sale sarpullido con solo oírla.

El Cachorro se descojona.

– ¿Sabes qué, mamá? En Canalcar compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche… – añade.

Yo le hago aprecio a la broma, esto, es, me indigno y le digo que por qué me hace esto, que no merezco semejante tortura. Y él ya me remata con:

– Has matado a tu mejor amiga, has matado a tu mejor amiga, has matado a tu mejor amiga, has…

Esta es una campaña de tráfico que me incomodó un huevo cuando la oí y que no puede ser también más insufrible. De hecho, eran conscientes, porque decían después algo así como “¿te sientes incómodo escuchando esto?”, o sea, que lo hacían adrede. Lo cual no quitaba para que yo hiciera igual que con el anuncio de Canalcar.

– ¿Por qué lo bajas, mamá? – de nuevo El Cachorro, en el coche.
– Porque es muy desagradable y no me gusta.

Así que hoy, va y me lo suelta también.

Y como ve que me molesta de verdad, repite la jugada en casa. Y al día siguiente, y al siguiente. Y Don Bimbas copia la idea y tenéis que verlo diciendo con su vocecilla y su lengua de trapo, como si estuviera hipnotizado: “Hasmataroatumejóamiga, hasmataroatumejóamiga…” Que da miedo y todo.

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¿Por qué a mí? ¿Por qué?


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