Cambio radical de actitud (¡Por fin!)

Día 13 de cole. Desde que empezó el curso, El Cachorro ha montado un número todas las mañanas en la fila de entrada. Lloros, gritos de “no, no”, se me agarraba a la pierna…

El viernes pasado su padre le dijo que, si no lloraba, podría ir a la finca por la tarde, cosa que a él le encanta. Y fijaos si es grave el asunto, que también montó pollo. (Aunque luego se agarró a que, vale, pollo montó, pero no soltó lágrimas. Una diferencia sustancial. Así que acabó yendo a la finca).

Esta mañana en casa, antes de ir al cole, de repente se me acerca y me pregunta: “¿Si hoy no lloro se lo contarás a papá?” Le he dicho que por supuesto, que yo siempre le cuento todo, tanto si llora como si no llora. Y se ha dado la vuelta y ha seguido con sus abluciones.

Una vez en el cole, subida la rampa y en los aledaños de las colas de los críos, me dice El Cachorro: “Un besito”, nos damos un beso y, tan pichi, coge y se coloca él, motu proprio, en la cola. Esto es algo INAUDITO. Desde ahí, me ha saludado todo el rato con la manica, sonriendo.

madre 25 (1)

Dios mío, qué alegría, QUÉ ALEGRÍA.

Hoy, la que ha llorado he sido yo.


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