Autoinmolarse

Me agacho por debajo de la mesa y de pura casualidad veo esto.

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Don Bimbas ha transformado la parte de abajo de la mesa blanca del comedor en una pizarra.

(INSERTEN AQUÍ JURAMENTOS EN ARAMEO A DISCRECIÓN).

¿¡¿Desde cuándo llevará ahí?!?

Se lo hago limpiar.

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Pero, claro, esa pintura está incrustada y no hay manera de sacarla. Tengo que ponerme yo a la faena. El Cachorro, que ve cómo sufro dale que te pego al trapo, se ofrece a echarme una mano.

Como cuesta un huevo, decide dejarlo. Pero, consciente de lo mucho que me tengo que esforzar y de la cantidad de cosas de las que me encargo, lo deja para ayudarme en otros menesteres. En llevar los zapatos de su padre tirados en mitad del salón a su sitio, en abrirme la cama para cuando vaya a dormir… A mí con este niño me tocó la lotería.

Al otro le digo que lo castigaré por esto. El Cachorro me sugiere que lo castigue cuatro días sin ver la tele (nada menos). Yo le digo, en un aparte: “Cariño, mejor otra cosa porque si no tú también te quedarás sin ver la tele”. Y va y me suelta que da igual, que él también se lo merece. ¿¡Y eso!?

Pues resulta que me llega con que a un vecinito un par de años menor que él, su mejor amigo lo trata de culo. Y como es su mejor amigo, El Cachorro alguna vez le va a la zaga, y un día su mejor amigo le dijo al crío que no era su amigo y que no podía jugar con el resto de los vecinos. En aquella ocasión, en cuanto me enteré, le llegó la charla: “Cariño, no tienes que hacer cosas que no te gusta que te hagan a ti, eso lo primero. Lo segundo, decirle a alguien que se queda fuera y que no puede jugar con los demás, es cruel y está muy mal, y produce mucha tristeza. Y tercero, a un niño pequeño lo que hay que hacer es protegerlo, no hacérselo pasar mal, a ver qué va a ser esto”.

Él se puso a llorar. No le gusta que los demás lo pasen mal, ya lo conocéis. Pero también por otra cosa, y es que, en el cole, hay un par de matones de su edad y algún mayor que se meten con él y con su mejor amigo, y yo le digo que a esos niños les tiene que decir que no quiere jugar con ellos porque se lo hacen pasar mal. Que no tiene por qué aguantar a nadie que sea un cafre.

¡Y estas directrices las aplicó al vecinito!

El niño en cuestión, que es un amor, pero también un poco bestiajez y no sabe controlar sus efusiones, a veces también hace cosas inconvenientes, pensando en que son graciosas. Y no lo son. Por lo menos para El Cachorro. Cogió y le tiró una chancleta a la basura. Eso a mi hijo le sentó mal. Mal fatal. Y resolvió tal y como le dije yo en el colegio que hiciera con quienes se lo hicieran pasar mal, que es decirle “no juego contigo”.

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Así que lloraba cual Magdaleno porque había hecho con el vecinito lo que yo le dije en su día que hiciera con quienes le hicieran cosas que a él le dolieran. Y los consejos contradictorios le descolocan, como es natural. (Como aquella vez que ya, harta de que siempre fuera de los que recibían, le dije que podía devolver. Uff, se puso del revés: “¡¡Pero si no se pega, y siempre me dices que no se pega, y ahora que tengo que pegar, pero no se pega, me vuelves loco, y yo no quiero pegar, pero en qué quedamos!!” Hale, sal de ahí. Y yo: “A ver, efectivamente no se pega, pero si te pegan, pides que no te peguen, te vuelven a pegar, se lo dices a un adulto responsable y te vuelven a pegar, ¡tendrás que defenderte, cariño! Así que, en efecto, no se pega, pero también hay que defenderse”).

Total, que con el momento chancleta, le tuve que decir que hay niños pequeños que hacen cosas malas pero que no saben que son malas, que hay que enseñarles, pero lo que no se puede hacer, es dejar a alguien fuera del grupo o decirle que no es amigo, que eso es muy feo.

Pues resulta que hoy, algo le ha liado que ha desagradado a El Cachorro, y le ha vuelto a decir que no es su amigo.

Y ahora se siente fatal, el pobre. “He hecho una tontería”. Y se quiere autocastigar. Por eso no asume con estoica resignación los efectos colaterales del castigo de su hermano.

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TENGO UN HIJO FLI-PAN-TE.

2 pensamientos en “Autoinmolarse

  1. Tu hijo mayor es increíble, tiene una gran capacidad de empatía pese a la edad que tiene todavía. También, como se preocupa cada día por ser buena persona, la verdad que me encantan los valores que le transmiten.
    Y en cuanto al peque, es todo lo contrario, un trasto que revoluciona la casa con su ingenio y gracia.


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