Atendiendo a Don Bimbas

Tonto, no es. Saco jamón ibérico y…

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Qué manera de engullir.

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Vamos, que en el tema de la introducción de alimentos, introducirle el jamón ibérico no ha costado nada de nada.

«Es como tú», me dice el Señor de las Bestias, «clavado a ti. No le importa mezclar…» Y es verdad. Después del jamón se trinca un par de chuches y luego pega unos mordiscos a una tortilla de patata, sigue con pan, más gominolas…

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¡¡A MIS BRAZOS, HIJO!!

Estamos de viaje (ya lo habréis deducido por las fotos) y ando alimentando al personal cuando toca y rezando para que se duerma la mayor parte del tiempo. Y la mayor parte del tiempo se duerme. Pero cuando se despierta…

Llora Don Bimbas y, en seguida, sale El Cachorro al quite: «Quiere salir». Y es lógico porque apenas paramos con el coche en lo que viene siendo un día entero de viaje.

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A lo que voy es que el hermano mayor se encarga de ser la voz del pequeño. Es su traductor simultáneo. Si se queja, él nos aclara que es porque quiere tal juguete, o porque tiene hambre. ¡Y acierta! Comprobado. Si hago caso a lo que El Cachorro me dice que solicita Don Bimbas a limpio llanto, si lo concreto, este se calla satisfecho.

Así… ¿para qué va a aprender a hablar el pequeño? ¡Si se lo damos todo hecho! La verdad es que tiene una serie de facilidades, con tres personas pendientes de él…


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