Artimaña, hallazgos y la poderosa arma Atacazombis

El Cachorro no le deja jugar a Don Bimbas con su dron. Así que el granuja viene y me consulta:

– Mamá, ¿puedo jubar a todas las cosas de casa?

¡Jaaaa! ¡No es listo ni nada!

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Pero esta vez sé de dónde viene, así que le contesto:

– Claro, cariño. A todas las cosas QUE SON TUYAS.

Y pone cara de “me ha salido el tiro por la culata”. En cualquier caso, normal que quiera jugar a todo lo que tiene su hermano, porque él, acaba perdiendo todo… adrede.

Resucitando Saneando una planta, van y me aparecen dos cabelleras de Playmobil. Han acabado ahí, por supuesto, por obra y gracia de Don Bimbas, a quien le encanta colar piececitas por huequecillos secretos.

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Siempre hay sorpresitas. No te digo si se limpia algo que lleva tiempo sin ser movido. Un armario, una estantería… No sé qué manía tiene por colar pequeñas cosas en tiestos, en resquicios…

Destiné a un cajón del cuarto de los niños lleno de juguetes unas latas de leche en polvo para bebés (ya vacías), a modo de reciclaje, para que metieran los cochecitos. Esas latas a día de hoy están dobladas y de mala manera, llenas de algún cochecito y de mil mierdas más y, por supuesto, sin tapa. Las tapas andaban pululando por el cajón, pero esos últimos días, de repente, me encontraba una detrás de un mueble del salón, debajo del sofá, en un tiesto… Y no sabía cómo habían llegado allí.

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A ver, que era cosa de los críos, hasta ahí llegaba. Pero desconocía a santo de qué, la excusa.

Hoy me viene Don Bimbas:

Mira, mamá, “atacazombis”. Y lanza una de las tapas como un fresbee.

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Équili. Así que son discos mortales para atacar zombis.

Me hace jugar con él. Vamos andando, despacio. Él se lleva el índice a los labios, para indicarme que he de ir en silencio. Así que vamos callandico, hablando bajito. Él me informa: “Está en la cueva oscuras”. Y me tranquiliza: “Tengo luz aquí” (se señala la frente). Menos mal, así podemos ir por la oscura cueva, viéndolo todo. Hasta que, de pronto… “¡Zombi!” Y el peque lanza las tapas, con su sonido correspondiente: “Pumba, pumba”.

Recuperamos las tapas y retomamos el camino:

“Ahora viene un paspamma (fantasma). Tengo luz”.

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Bueno, pues una incógnita resuelta. Pero el caso es que me ando encontrando objetos no demasiado bien identificados y, aunque hace tiempo que le quiero meter mano a la nevera, moviéndola para limpiar detrás y por debajo, no sé si me atrevo…


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