Arrasando en la guardería

Ayer Don Bimbas estuvo una horita tan solo en la guardería de la estación. Y se ve que no le dio tiempo a desplegar sus encantos en toda su magnitud.

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Sí un poco, porque cuando hoy hemos llegado para que pasara todo el día, a la mujer de la guardería se le han iluminado los ojos. Tampoco era difícil, porque en comparación, estaba a punto de entrar una nena que no paraba de berrear y tenía unos mocos colganderos bastante puaj, y además era un poco feísima. Chica, es la verdad. Y claro, aparece este querubín todo sonrisas (afuera ya había montado una de las suyas, de las de estar poseído por Belcebú, pero al final se ha transformado en angelito), y la otra casi se derrite.

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Cuando lo paso a buscar, cuatro horas después, ¿no coge y me dice la mujer esa que “lo mismo no te lo devuelvo, me lo quedo aquí”? Ya está. El pequeño ya se los ha metido a todos en el bolsillo. (Si no me cobra, lo consideraré).

En esto que aparece una que le ha dado una clase colectiva por la mañana y le hace más gracias. “Es que es tan cariñoso, da unos abrazos…”, insiste la de la guardería. Y, sí, es un tiernito, la verdad. Un cariñoso de tomo y lomo. Un conquistador nato.


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