Aparta de mis estos cálices y En el extranjero se resta diferente

Son las cinco y cuarto y El Cachorro lleva dando vueltas al plato de ensalada una hora y pico. Hace cinco minutos le he dejado unas cuentas preparadas para cuando termine, y le digo que yo me voy a hacer cosas a la cocina, que estoy harta de esperarle.

madre 28 (1)

Al volver al poco, le veo con las restas. El plato, apartado.

– No te lo vas a terminar, ¿verdad?
– No.
– Vale, pues me lo llevo – decido claudicar con la comida.
– Y el trabajo también.

Jaa, ja, ja. No cuela, así que le digo que se espabile. Al poco, me viene a consultar algo de las restas. Pero me fijo en esta:

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– Esta está mal.
– ¿Por qué?
– Porque no es así.
– Sííí.
– No. ¿Seis menos tres?
– Tres.
– Pues eso.
– Es un tres.
– ¿Ah, sí? Pues parece un cuatro.
– Pues es un tres.
– Vale. Pues hazlo un poco mejor, que parece un cuatro.
– Es que así se hace en Dinamarca.

Tra-tra.


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