Anti IG

Vamos de excursión a una fabulosa cueva del Algarve, en la playa de Benagil. Con una pequeña playa dentro, ha sido considerada como una de las cuevas más bonitas del mundo.

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Hemos alquilado una tabla de paddle surf para acceder (no se puede ir andando), con el mar no demasiado tranquilo, y he de confesar que con un poco de canguelo también, con los críos encima haciendo equilibrios. Se habían agotado los kayak y no quedaba otra opción para ir. Y ya sabéis que somos una familia de navarros…

Y no quedaban kayaks porque, claro, ver una de las cuevas más bonitas del mundo es algo que, a todo el mundo, valga la redundancia, le apetece ver. Sobre todo en julio y agosto.

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Una vez ahí, para sacar fotos interesantes, es decir, para intentar evitar lo máximo posible la aglomeración de gente, hay que trabajarse mucho el ángulo.

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Por ejemplo, saliendo así:

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Soy bastante experta.

O sacando la foto:

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Y luego recortándola:

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Entre toda la gente que estábamos, había por ahí alguna instagrammer suelta. Alguna aspirante a influencer.

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Así que imaginad las poses y posturitas que tuvimos que ver. La risión. Yo creo que, si ellas mismas se vieran desde fuera, querrían que les tragase la tierra. O no, o no. Que también está visto que las nuevas generaciones tienen una alta autoestima y un muy bajo sentido del ridículo.

El caso es que, una vez localizado su rinconcito donde arquear la espalda, ponerse de puntillas, sacar pecho y glúteos, entreabrir la boca y hacer caidita de ojos, con lo que no contaban las muchachas era con ver cómo dos centollos que escalaban por todo se colaban en su “set” en plan sorpresa y les reventaban la puesta en escena.

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Estén atentos a su IG. Es probable que, detrás de alguna adolescente sugerente en la cueva de Benagil, salgan mis hijos encaramados a una roca.


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