Amores que matan

Viene El Cachorro a despedirse de mí por la noche. Yo estoy trabajando y él se va a dormir. Me planta un beso de los que me atraviesan la mejilla. De esos que me trinca y pega sus labios a mi cara con fuerza inaudita, que me hace daño y todo, y se pega pegado diez minutos (sin exagerar). Se esfuerza tanto que, cuando se separa, me salta: “Te lo he dado tan fuerte que me he tirado un pedo”.

madre 14 (1)

Es único para echar al traste una gran escena de amor.


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