Amor-odio

El Cachorro quiere bajar a la piscina y yo le digo que hasta que no se termine el trabajo de la terraza, no vamos a bajar. Está el Señor de las Bestias dándose una paliza poniendo una terraza de revista y me parece injusto abandonarlo para estar nosotros en la pisci mientras él suda la gota gorda. En casa tampoco es que le echemos una mano ni nada, pero por lo menos le damos apoyo moral. Así que de piscina, nada de nada.

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Y comienza la tragedia: «¡Tengo los peores padres! ¡No quiero estar ni contigo ni contigo!» El Cachorro empieza a dramatizar de lo lindo, y ahí estamos su padre y yo aguantando el chaparrón. Porque no nos quiere nada de nada.

Es, El Cachorro, un tipo de extremos, amén de muy teatrero. Si se lo pasa bien, “hoy ha sido el mejor día de mi vida”, y si no le dejas hacer algo que le apetece, “hoy ha sido el peor día de mi vida”. No conoce la gama de grises.

Ah, pero la terraza, se ha finiquitado.

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Y ya hay quien toma posesión.


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