Advertencia

Nos vamos de viaje y nos pilla el toro con los desayunos, as usual. Es casi la una y no ha dado tiempo de meterse casi nada entre pecho y espalda. Sugiero, nada más salir de casa en coche, pasar por una panadería y/o pastelería para comprar palmeras de chocolate. Se baja el Señor de las Bestias y vuelve con cuatro grandes, nada menos. Algunos nos las zampamos con facilidad, pero El Cachorro no puede terminar la suya y me extiende el último trozo.

– Ya no puedo más, mamá, ¿me lo guardas? – me pide.
– Claro hijo.
– ¡Pero no te lo comas! – me advierte.

madre 6 (1)

Ja, ja, ja. Cómo nos conocemos… Sabe perfectamente con quién está tratado. Pues porque me ha avisado (y DOS veces, además), porque no se fía ni un pelo de mí, que si no ya sabe qué adiós muy buenas.

“No te lo comas, ¿eh, mamá?” Y tengo que cumplir, claro. Muy a mi pesar.


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