Abusones

Me llama el Señor de las Bestias. Una vecina amiga le ha llamado para decirle que El Cachorro y su mejor amigo, vecino a la par, se han metido, o han “molestado”, a su hijo, un año menor.

Por lo visto el mejor amigo de mi hijo ha dicho que ese niño le había copiado el abrigo (es decir, ha buscado una excusa cualquiera para ir a tocarle las narices), y El Cachorro, que siempre se ha dejado llevar por él, le ha ayudado “agarrándole”.

BUENO.

Llego a casa, lo cojo por banda y le meto una charla del copetín. Que a ver qué ha pasado, que si le parecería bien que le hicieran a él lo mismo, que cuántas veces le he dicho que no hiciera lo que no le gusta que le hagan a él, que a ver si tiene más personalidad y, sobre todo, que vaya par de cobardes, meterse dos contra uno, por un lado, y encima con alguien más pequeño, por otro. Que lo que tiene que hacer es defender al débil, que es lo que hacen los superhéroes, no aliarse con los malvados, sino ayudar a las personas.

Es que no soporto eso. Si te vas a meter con alguien, que sea con razón y que esté a tu altura o por encima. Así que, ya que fue tan “valiente” de coger al crío porque se lo dijo su amigo, le digo que también lo tiene que ser para pedir perdón… a la cara (“¿No puede ser por el móvil?” “NO”) y ocuparse de que su amigo no estuviera triste. Porque es que, encima, manda narices que van a meterse con un crío del grupo, que nos vamos todos juntos de casa rural y todo y juegan siempre juntos.

En un principio dice que prefiere ir solo a casa del vecino. Sale y vuelve. “No, mejor contigo, que me da miedo” (es la hora de la cena). Así que vamos los dos y nos plantamos en la puerta de su casa. A pesar de haberle dicho qué le tenía que decir, en plan “me he equivocado, perdona, no volverá a pasar, somos amigos”, etc., una vez en la puerta del crío, solo se acordaba de “perdón”. Así que, entre su madre y yo, le hemos ayudado a disculparse.

Y, no ya porque haya tenido que ir allí, sino por la charla que hemos tenido, en la que ha quedado patente lo decepcionada y triste que estaba con él, y también lo grave del asunto, sé que todo esto le ha calado. Que a veces es mejor que ocurran cosas para ponerles solución y dar lecciones imprescindibles.

madre 10 (1)

Cuando volvemos a casa me abraza: “No voy a pegar a nadie, mamá. Voy a defender”. Y me lo creo, mira tú por dónde.


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