50 sombras de matrona

Bueno, si me fueran las prácticas sexuales sado-maso hubiera disfrutado un huevo en la revisión posparto con la matrona. Menudo repaso me ha dado.

Me ha pedido que me quitara las bragas, tumbado en una camilla y, sin ningún tipo de preámbulo, zas, metido el dedo en la vagina. Ahí se ha puesto a darme órdenes: aprieta, relaja, aprieta, relaja… con la excusa de comprobar el tono muscular y en qué condiciones había quedado mi suelo pélvico. Después me ha pedido que me pusiera con las tetas al aire. Y en cuanto han asomado me ha cogido un pezón y ha empezado a estrujarlo y a tirar de él hacia fuera. El motivo ha sido enseñarme que así se saca y que es un paso que podemos ahorrar a mi bebé a la hora de mamar (y ni tengo el pezón para dentro ni a mí bebé le cuesta nada dar con él). No contenta con eso, me ha apretado de lo lindo una teta y después la otra, hasta que de ambas han surgido unas gotas de leche y ella ha determinado “sí, tienes leche”. ¡Coño, haber preguntado, que ya te lo hubiera dicho yo! ¿O el hecho de que mi bebé a estas alturas no haya muerto de hambre no era ya suficiente pista?

Una sesión para recordar.

Señor de las Bestias, espabílate, que por aquí te están tomando la delantera.

niño


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