Sigilo

El sigilo con el que salgo de la cama tras haber dado el pecho a mi bebé, para que no se despierte, es digno de un ladrón profesional. En serio. Él necesita atención constante. Le encanta estar en brazos o sentir calor humano. No se duerme si no es chuperreteándome el pezón. Y cuando lo hace, así chuic, chuic, chuic, agarrándome el dedo a la vez, el momento de zafarme de él es extremadamente delicado.

bebé

(Inciso: Este estrujamiento de teta… ¿a qué se debe? ¿Por qué tanta saña con lo que le da de comer? A ver si es verdad eso de que los bebés ordeñan).

A lo que iba. Si el chiquitín nota cualquier movimiento extraño, inmediatamente abre los ojos, te pilla en plena acción, y te vuelve a convencer para que te quedes con él (su llanto es bastante persuasivo).

bebé

Así que, nada, lo de recuperar mi dedo de su manita y mi pezón de su boca sin que se entere, es una tremenda, tremenda hazaña. Milagroso ya, salir de la cama.

El día que lo consiga, separarme de él sin que me pille, lo siguiente que haré será saquear Fort Nox. Lo tendré chupado.


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