SAPA

Silverstone Waterfall.
Tram Ton.
Cat Cat.

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COSAS QUE SE APRENDEN EN VIETNAM Que es de tener los huevos MUY GORDOS meter a unos niños un viaje nocturno en tren, despertarlos a las cinco de la mañana, y ponerlos a funcionar como si tal cosa, que, lo bueno de mear azul, es que si salpicas parecen gotas de Don Limpio y nadie te mira mal, que hay piscinas y PISCINAS, que te venden las pastillas por blísters, que a nadie le parece suficiente que tenga dos hijos y creen que el número ideal son tres, que me echan como ocho o nueve años menos de los que tengo y son gente majísima (y con problemas de vista) que vienen estupendamente para la autoestima, que menos mal que viajo con tres tipos, porque si uno cae enfermo y se queda en el hotel agonizando, me llevo a dos de excursión, y si otro se queda fritanga en la furgoneta, aún tengo a uno para que no me parezca que estoy sola en el mundo, que si te metes en cierta vegetación, ya no sales, que se ha superado el número de enfados por minuto, que parece que hay uno que no ha venido o que tiene la espalda más fotografiada del mundo, que, ay, se me acaba de desgraciar el que me quedaba, que ya venía con una fractura en un dedo por habérselo pillado con una puerta y tiene la punta que parece un trozo de bacon, y que, ahora hale, para el hospital, que hay camillas de la guerra del Vietnam, pero la de contra los franceses, por lo menos, que no vale la pena mosquearse ni cuando un médico es incapaz de encontrar una herida en un pie, ya la encontrará, que si eres negra y tu marido flor, tus hijos serán flor, lo que sea el marido, vamos, que si eres el único que no estás ni enfermo ni herido, lo suyo es meterse un piñazo con una bici de prestado con ruedines, que los ruedines hace un año que en casa no se estilan, para no desentonar, que no levantan un palmo del suelo pero calzan un machete que se te aparecen en una curva y hacen palidecer a la mujer de la ídem, que los niños hablan todos el mismo idioma, que hemos ido a ver una catarata cuando la catarata se nos ha formado delante de las narices, que no, que no, que no has visto llover en tu vida, que cómo no va a ser verde… (SIGUE) #Sapa #Vietnam #viajarconniños #Los4FantásticosEnVietnam #Día15

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COSAS QUE SE APRENDEN EN VIETNAM

Que es de tener los huevos MUY GORDOS meter a unos niños un viaje nocturno en tren, despertarlos a las cinco de la mañana, y ponerlos a funcionar como si tal cosa, que, lo bueno de mear azul, es que si salpicas parecen gotas de Don Limpio y nadie te mira mal, que hay piscinas y PISCINAS, que te venden las pastillas por blísteres, que a nadie le parece suficiente con que tenga dos hijos y creen que el número ideal son tres, que me echan como ocho o nueve años menos de los que tengo y son gente majísima (y con problemas de vista) que vienen estupendamente para la autoestima, que menos mal que viajo con tres tipos, porque si uno cae enfermo y se queda en el hotel agonizando, me llevo a dos de excursión, y si otro se queda fritanga en la furgoneta, aún tengo a uno para que no me parezca que estoy sola en el mundo, que si te metes en cierta vegetación, ya no sales, que se ha superado el número de enfados por minuto, que parece que hay uno que no ha venido o que tiene la espalda más fotografiada del mundo, que, ay, se me acaba de desgraciar el que me quedaba, que ya venía con una fractura en un dedo por habérselo pillado con una puerta y tiene la punta que parece un trozo de bacon masticado, y que, ahora hale, para el hospital, que hay camillas de la guerra del Vietnam, pero la de contra los franceses, por lo menos, que no vale la pena mosquearse ni cuando un médico es incapaz de encontrar una herida en un pie, ya la encontrará, que si eres negra y tu marido flor, tus hijos serán flor, lo que sea el marido, vamos, que si eres el único que no estás ni enfermo ni herido, lo suyo es meterse un piñazo con una bici de prestado con ruedines, que los ruedines hace un año que en casa no se estilan, para no desentonar, que no levantan un palmo del suelo pero calzan un machete que se te aparecen en una curva y hacen palidecer a la mujer de la ídem, que los niños hablan todos el mismo idioma, que hemos ido a ver una catarata cuando la catarata se nos ha formado delante de las narices, que no, que no, que no has visto llover en tu vida, que cómo no va a ser verde, que no es serio este pavimento, que nunca hubiera pensado que iba a vivir en una casa hmong, que vaya nidito de amor, que es la primera vez que veo un rollo de papel higiénico sin rollo, que he visto una polilla de tal calibre, que me apuesto a que se ventila ella sola un armario entero en una tarde, que las prendas tradicionales teñidas con índigo natural, te dejan como Samuel L. Jackson, que el orujazo casero de toda la vida es “happy water”, ¡que me están dando el viaje! De momento.

¿Qué pasa también hoy?

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Pasa que te puede parecer que el agua de la maravillosa piscina del hotel que tenemos (en el que lamentablemente no dormiremos, y ahora nos estamos replanteando lo de que igual no es tan buena idea dormir en una auténtica casa local hmong en vez de aquí) está muy fría…

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… pero es que tú estás en el lado equivocado de la piscina…

Y que, puestos a equivocarnos, a la hora de ver la habitación comprobamos que, sí, que nos hemos equivocado. Que igual no era tan necesario lo de dormir en una casa básica, existiendo estas bañeras. Porque me da que lo mismo dormiría mejor DENTRO de la bañera que en una cama de una casa particular…

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Pero hemos venido a jugar, qué narices.

Pasa que para qué queremos más. Que por si El Cachorro no se venía ya con el dedo a la funerala, pues hale, CLAVO EN EL PIE.

Iba, cómo no, haciendo el cabra por todo.

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No caminando normal por la calle, sino subido a muretes, saltando por las aceras… hasta que ha pillado unas tablas de madera de obra y se ha puesto a andar, saltar y correr por encima. Bien, pues en el momento en el que le he dicho que dejara de hacerlo, que esas tablas andaban sueltas y se iba a hacer daño, que además su hermano le seguía… ha dado un último salto y, zas. Se le queda clavada la zapatilla.

– Aaaaaay, hijo, ¿ves? ¿¡Ves!? – y se la desclavo. Por suerte son zapatillas de trecking con una suela más gorda que un chuletón, y de goma dura.

Pero, hummm, algo ocurre. Hay algo que no está en orden. El Cachorro me mira, agachado, con cara de pena.

– ¿Qué pasa?
– (CARA DE PENA)
– ¿Qué ocurre, Simón?
– Es que… – MÁS CARA DE PENA.
– ¿¿Se te ha clavado en el pie??
– (ASIENTE)

Mecagüen todo. ¡Mecagüen todo! En efecto, veo sangre salir de la suela del zapato. Gotones así de gordos. No, no me puede estar pasando esto. No puede ser. No se puede haber clavado este clavo roñoso en la planta del pie, en Vietnam, por favor, en la parte más rural y apartada de la civilización de todo el maldito viaje. NO-PUEDE-SER.

Pero es.

Y yo sola con los dos mochuelos (porque el Señor de las Bestias se ha quedado enfermo perdido en una de las supercamas del superhotel de la piscina superestupenda), y la guía, que con su inglés ramplón nos entendemos mejor por señas.

Jamás he utilizado un seguro médico en el extranjero. Siempre hay una primera vez…

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Resumiendo, le digo a la muchacha que pare al primer coche que vea. Es un taxi. Parece que hay un hospital a veinte minutos. Vamos. El hospital… hay que verlo, claro. A ver, ni tan mal. Un edificio de dos alturas y con varios módulos.

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Voy con El Cachorro en brazos, que pesa como un muerto, y vamos los cuatro como pollos sin cabeza, sin saber a qué parte ir. Por fin damos con el sitio. Veo desde el pasillo lo que hay dentro de las consultas o habitaciones. Hay materiales que quedaron descatalogados en 1961. Valoro robar una camilla o algo, para utilizarlo como elemento decorativo vintage.

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Mientras, Don Bimbas a lo suyo. Me advierte: “Mira, mamá, a ese niño le gusta la finca porque lleva traje de la finca”. Jaajjaa. Porque todo lo que tenga estampado de camuflaje, para mi hijo no tiene relación con lo militar, sino que es de la finca (el trabajo de su papá), que es lo que conoce.

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(Fijaos, aparte de en el atuendo del zagal, en las sandalias o chancletas de plástico en primer plano… Pues bien, casi todo el mundo en esta zona de Vietnam llevaba las mismas. Muy curioso).

Atienden a El Cachorro. No le dan al tema una importancia sideral y me preguntan si tiene puesta la vacuna del tétanos. Les digo que sí. A ver, suelo ser un despiste, pero mis hijos, que yo sepa y si por mí es, van con las vacunas al día, y sé que hay una indispensable, que entra en calendario obligatorio, que es la del tétanos.

Y nos vamos.

Y el padre, agonizando en el hotel, no se ha enterado de nada. Cuando llegamos y le cuento nuestra odisea, le digo: “Ya no sabía qué inventar para tardar más para recogerte y he feriado el tema de que El Cachorro se clavara un clavo en el pie y fuéramos al hospital”. Está él tan malo, que con nuestra guía estaba yendo yo a pedo burra para alargar la estancia en una cama fantástica del Señor de las Bestias. Nuestra agenda viajera es apretadísima y él necesita descanso… Miedo me daba ponerlo en vertical.

Pero, lo que es a mí, hoy, entre unos y otros, ¡me están dando el viaje!

Parece que el padre del herido logra encontrar fuerzas para ponerse en marcha. Tenemos que ir a la casa de los locales con los que nos vamos a alojar.

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Cuando llegamos, el Señor de las Bestias se pone un poco lívido. No hay ni sofá, con lo que las comodidades, las justas. Y él con fiebre, vómitos… ideal, vamos.

Es todo muy peculiar. Un chamizo de madera, muy amplio (que construyen entre todos los del pueblo, según nos cuentan), de dos alturas, aunque lo de arriba parece no utilizarse para nada, con lo imprescindible: mesa, sillas y camas. Y tele.

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El baño se encuentra fuera y está dividido en dos habitáculos. Por un lado, el váter. Por otro, el lavabo. En el grifo del lavabo descubres que hay adherido otro, el de ducha, porque hay un sumidero en el suelo y es ahí mismo donde te puedes duchar.

Por cierto, en la puerta de la casa, de nuevo las chanclas vietnamitas.

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La familia la componen padre, madre y niño pequeño, como de la edad de Don Bimbas (y muy consentido). Tiene una bici, que coge Don Bimbas y… EL COLOFÓN.

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DON BIMBAS SE CAE POR UN TERRAPLÉN CON LA BICI.

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¡¡Me están dando el viaje!!

Pasa que el padre de familia viene un poco piripi de una fiesta y se empeña en que bebamos un alcohol infecto del que puedo dar dos sorbos por puro compromiso, sabiendo que me he quemado el esófago y lastimado mis pituitarias para siempre. Y que no sé si lo que veo después en la cama es producto de una extraña alucinación o no…

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P.D.a. No tengo más que un par de fotos del momento clavo en el pie por pura vergüenza, porque me parecía que la guía y el resto de vietnamitas me iban a tachar de excesivamente frívola por estar haciendo fotos mientras mi hijo lloraba por tener un pie del que salía sangre a borbotones.

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P.D.b. A que no sabéis quién no pudo pegar ojo en esa casa, que era muy básica pero tenía wifi, porque le entró el canguele de no haber revacunado a su hijo en el hospital aquel… De verdad, qué mal rato. Por el cambio de hora, a las cuatro de la madrugada andaba preguntando a mis vecinas y amigas si me aseguraban que nuestros hijos estaban protegidos del tétanos por las vacunas y, a pesar de que me confirmaron que estaban vacunados, todas me empezaron a decir que nunca está de más un “refuerzo”. Y yo me acojoné tanto que casi vomito. Menos mal que también pregunté a mi santo padre*, el hombre que le quita importancia a todo, y me dijo que no me preocupara lo más mínimo. Gracias a él, me quité ese gran peso de encima. Menos mal que está ahí para templar los ánimos… ¡menos mal!

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* Mi padre es experto en espantar preocupaciones y en quitarle importancia a las cosas. Gracias a eso, en mi vida he tenido menos miedo a hacer según qué, soy más atrevida que la media. Gracias a eso me he tirado por determinados fuera de pista complicados mientras esquiaba, me he animado a probar nuevos retos, no he temido que me fuera a pasar/pillar algo. Gracias, papá.

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P.D.c. Por cierto, en la agencia no supieron del accidente con el clavo, ergo no utilizamos el seguro médico de viaje, ergo en el hospital nos atendieron porque sí, sin pedirnos nada, ergo tengo otro motivo más para sostener, por si no lo hacía ya, que Vietnam mola.

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