Sacrificios salchichoneros

Hoy ha sucedido algo extraño. Al bajarse el nene de la ruta, no me ha preguntado como todos los días “¿¡qué tienes?!”, reclamando su merienda. Total, que le saco el bocata de salchichón, se lo ofrezco y me dice que no quiere.

Más raro aún ha sido que le haya dicho yo: “Pues para mamá” y que le haya seguido dando igual. Normalmente es la frase que le hace comerse lo que sea, pues sabe que la amenaza, en mi caso, va en serio.

Así que le he pegado un bocadito al bocadillo; no por nada, solo para que vea que yo lo que digo lo cumplo, ejem. Eso es primordial para la educación de un crío.

niño

Bueno, igual el bocado no era tan pequeño. Es que tenía hambre. El caso es que cuando yo ya meto diente a lo que sea, esa sí es la tecla definitiva para que el nene reaccione, me arrebate y recupere lo que sea que esté comiendo de su pertenencia y se lo zampe él.

Bueno, pues tampoco.

niño

Me he pimplado el bocata entero. ENTERO. ¡No lo iba a tirar! ¡Ni iba a esperar diez minutos! ¿Y si el pan se ponía duro? 😉


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