Rompecorazones

Me cuenta El Cachorro que su novia Jimena (nombre ficticio), la que le montó un pollo porque no le hizo caso, va por el cole diciendo que está “colada” por él. Colada, tú. Me chifla esa palabra, que no oía desde hacía lustros.

Está bastante convencido, por lo que deduzco cuando me lo cuenta, de que van a tener un hijo alrededor de los 20 años y de que van a acabar sus días juntos.

Me lo dice tan a menudo que yo ya me lo estoy empezando a creer, con lo que, la última vez, le dije que lo mismo era muy pronto para tener ese tipo de planes, para andar con novios y novias y tal, que hay que conocer gente antes. Pero él me dijo que no quería estar con otra persona que con Jimena. Qué fidelidad.

madre 22 (1)

Pero parece que mi hijo está en racha. Hace dos días fuimos a un cumple y conocí a la madre de un niño de su clase, Matías (nombre ficticio), que me cayó muy bien. Me cuenta que su hijo le habla mucho del mío. Yo no puedo decir lo mismo. No solo porque mi hijo solamente me habla de su vecino, que es también su mejor amigo del cole, sino porque no es un niño que cuente muchas cosas. “Van a una extraescolar juntos”, me comenta. Y me quiere sonar…

Hoy, me dice El Cachorro:

– Matías dice que se quiere casar conmigo.
– ¿Ah, sí?
– Sí, porque dice que soy muy mono.

Hay que reconocer que mal gusto no tiene, el tal Matías.

Pero está claro que mi chiquillo está muy solicitado. ¡Demasiado!


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