Regalo con arrepentimiento

En Vietnam, el Señor de las Bestias regaló a sus hijos una pulsera de ojo de tigre. Don Bimbas se la cargó días después en uno de sus enfados, cuando se la arrancó, la estiró y saltaron todas las bolitas (episodio por supuesto ya relatado en estas páginas virtuales).

El Cachorro, allí, me pidió un día que se la guardara, y me la puse y me gustó. Se la demandé a El Cachorro y me dijo que no me la daba. Pero, casi al final del viaje, me dijo que me la regalaba.

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Hoy, que la ve, decide que la quiere de vuelta. Y yo le digo que lo que se da no se quita, Santa Rita. Él: “Jo, ya lo sé, pero es que papá iba a comprar otra y no lo hizo y ya no vamos a volver a Vietnam, jooo”. Yo no me inmuto. Entonces él empieza la campaña. Al rato se acerca, coge la pulsera y la manosea: “¿Ves? La pulsera quiere estar conmigo”. Le pregunto que cómo es eso. “Hace la letra ese”. “¿A ver?” Vuelve a hacerlo, solo que, para su desgracia…

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… le sale una A… ¡de Amaya!


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