Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son

Llegamos al hotel tarde con Don Bimbas dormido. Es un hotel que hemos cogido para dormir solo tres horas, pues hemos de madrugar muchísimo para pillar un ferry. Lo despertamos a las cinco menos cuarto de la mañana, mira alrededor y dice: “¿Qué es esta casa?”

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Enseguida determina: “Esta casa es supeguay”.

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Porque el único adjetivo que utiliza para las cosas que le gustan es supeguay.

Me encanta su capacidad de adaptación. Dormirse en un coche y despertar en una habitación totalmente extraña y que no le genere ninguna angustia, sino todo lo contrario.

Pero, lo dicho, por muy “supeguay” que sea, la disfruta durante unos minutos, porque salimos pitando en coche, donde esta vez se duerme El Cachorro. Cuando llegamos al embarque, lo despierto para que no se lo pierda, porque nunca ha visto nada igual y creo que le va a gustar. Abre el ojo con mucho esfuerzo, mira y dice:

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“¿Un barco con parking?”

Jaja. Despierta en un mundo onírico.

No solo con parking, también con jaulas para mascotas.

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Un barco muy especial que nos lleva a Ibiza, y estamos más contentos que unas castañuelas.

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Vete tú a saber por qué…

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¡Arriba las vacaciones, abajo el estudiar, los libros a los rincones y nosotros a jugar!


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