Pues para no querer…

Bueno, pues lleva unos días que a la hora de echar la siesta está de que no.
– ¡No quero nomí! ¡Nooooo, nomí, noooo!

Y lo meto en la cuna y se me deleita con el lloro tipo cabreo. Pero está comprobado que cuanto más se queja, cuantos más no-quero-nomís hay, más a los cinco minutos me asomo y está de esta guisa.

niño

Cae como Felipón.


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