Playa nudista

Le propongo a El Cachorro ir a dar un paseo por la costa, como hicimos ayer. Se apunta. Pero esta vez tiramos para la derecha, en vez de hacia la izquierda, y lo que no sabes es que, un kilómetro más allá, la playa es nudista.

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Cuando llegamos al área naturista, El Cachorro empieza a extrañarse: “¿Qué broma es esta? ¡Están todos desnudos!”

Jaa, ja, ja, ja.

Y como si no estuviera acostumbrado a verme a mí continuamente en bolingas por casa…

Le propongo quitarse el bañador. “No, se van a reír de mí “. Ya estamos.

– No se van a reír de ti.
– Sí.
– No.
– Sí.
– No. Fíjate si estoy segura que te propongo una cosa: si alguien se ríe de ti, puedes no volver nunca al colegio (que lo odia).

Pues ni por esas. No sé qué tipo de trauma arrastra con lo de que se van a reír de él. “Y, además, yo también me quito el bañador”. Ahí ha dudado.

Al final, ¿quién se ha bañado en pelotas y quién con el bañador puesto? Lo habéis adivinado. Y luego resulta que va por casa enseñando el pito a todas horas, a mí y a sus vecinos. Todos con el pito al aire, muertos de la risa. Pero en la zona de pitos, ahí no.

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En otro momento, ya en la playa corriente y moliente, me meto al agua en top less y voy hacia Don Bimbas, que me ve y dice: “¿Estás con tetas?” Jaaajaha. Sí, acostumbro a llevarlas conmigo.

Al día siguiente, tengo la parte de arriba del bikini mojada y, cuando me la quito para cambiarme, tengo las tetas heladas. Las toca el pequeñajo: “¿Estás pucho fío e nas tetas?”

Esta obsesión le viene de pequeño. Hasta los ocho meses no hubo forma de desengancharlo ni de que ingiriera otra cosa que no fuera leche de mi teta, en mi teta. Me tuve que ir de viaje para que transigiera. Hoy, asoman algunos coletazos de su fascinación por ellas…


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