Dudas existenciales

Acuesto a mis pequeños. Pero a El Cachorro, ese ser que se arrastra muerto de sueño cada mañana cuando hay cole y, cuando no, se despierta a las mil, pero que cuando hay que dormir le entran ganas de pajarear, siente un deseo irrefrenable- (oh, sorpresa) de conversar.

– Pienso en la muerte.
– ¿Ah, sí? ¿Y qué piensas?
– Sí es bonita, si es fea… como un retrete oscuro…
– Aaaah.
– Y si estará ahí Dios y los dioses de Vietnam, el dios del agua…
– Bueno, veremos. Aunque nosotros creemos que solo hay un Dios.
– ¿Solo hay un Dios?
– Parece… – ay, yo qué sé.

¿Son todos los niños así a la hora de dormir?

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Aunque, al tema de la muerte, este le da vueltas a todas horas, a su manera. Hace como un mes, le da por reflexionar…: “Mamá, no quiero hacerme mayor. Primero porque moriré y no quiero. Y también porque tengo que hacer cosas como estar en el ordenador y no estaré jugando todo el rato”.

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Es lo que mayoritariamente me ve hacer a mí, “estar en el ordenador”, y obvio que le parece lo más aburrido del mundo. Estamos de acuerdo.

También en lo de que no me quiero hacer mayor. Ni morirme.

Recuerdo imborrable

Estaba El Cachorro haciendo unos pasatiempos y se me ha ocurrido enseñarle a Don Bimbas a sumar. Así que cojo un papel sucio, de los muchos que dejo a mano de los críos para que pintarrajeen todo lo que quieran, pongo unas sumas y entre su hermano y yo le hemos hecho ver cómo se suma con los dedos. No sé si habrá hecho mella en él. Creo que no, pero nos hemos divertido un buen rato (3 minutos). Enseguida se ha distraído con el lápiz y ha hecho un dibujo que su hermano mayor ha alabado, un dinosaurio. Total, que cuando termina, cojo varios papeles, entre ellos el que hemos utilizado, con intención de tirarlos, y salta El Cachorro: “¡El papel grande no, que es cuando Pablo aprendió a sumar y su primer dinosaurio”.

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El Cachorro me ha visto de siempre sacar foto a todo lo que han hecho, a guardar cosas con valor sentimental… y se le ha pegado.

Además de ser una urraca, como su mamá, me ha salido más nostálgico que yo.

El primero DE VERDAD

BUENO. He visto a Don Bimbas encaramado a un poste del parque infantil del IKEA y me he propuesto sacarle una foto. En esto que me ve El Cachorro…

– ¡Nnnnoooooooooo – grita.

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Le REVIENTA que él haga algo, su hermano lo repita, justo en ese momento yo me fije, y quiera sacar una foto. Porque no le vale que le saque a él otra después. Es que quiere que no haya constancia de la hazaña del pequeño ANTES que la de él. Él, en mi “carrete”, quiere aparecer EL PRIMERO.

Yo ya he sacado la foto, porque soy Rapidilla González, y El Cachorro sigue gritando.

– ¡Noooooo, no saques foto!
– ¡No he sacado! – miento
– ¡Sí, sí que has sacado, te he visto por el espejo! – mi pantalla se refleja en el cristal de la ventana que tengo justo detrás de mí.

Mierda. No contaba con su astucia.

Y viene corriendo.

– ¡Rápido, borra esa foto! – dice el Señor de las Bestias.

Y borro. A tiempo. El Cachorro llega hasta mí y comprueba la galería y, en efecto, no ve la foto de su hermano. Así que vuelve y se sube al poste, para ser el primero.

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Después ya tengo carta blanca para fotografiar al pequeño de la misma guisa…

Mamá, quiero ser famoso

Está El Cachorro comiéndose un kiwi, el cual he partido previamente por la mitad y se lo he dado acompañado de una cuchara, como suelo hacer siempre. Pero hoy él le ha andado quitando la piel, y le asalta una de sus dudas:

– ¿Eso estaba creado, lo de quitarle la piel al kiwi y comérselo? – quiere decir si a alguien se le había ocurrido antes.
– Sí, cariño.
– Jo, yo quería ser famoso… – jaaa, ja, ja.
– ¿Qué es ser famoso? – indago.
– Ser famoso es inventarse algo. Por ejemplo, alguien se inventa algo y es famoso.

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¿Se lo digo yo o se lo decís vosotros?

Pobre. No tiene NI IDEA.

Sin sueño pero sí

Queremos las amigas alargar la noche, así que propongo que vengan a mi casa. Nos vamos a la terraza mientras apalancamos a los críos frente al televisor. Ya me he encargado de decir que ni hablar de sacar juguetes a estas horas (son las mil).

Al poco, los dos hijos de una de ellas, caen fritos. Uno de ellos boca abajo, en el suelo, como si se hubiera caído de un quinto. La otra amiga se acaba subiendo a su casa con su hija. Quedan en pie mis hijos y la pequeñita de mi amiga, que es un amor y también como el muñeco diabólico. Y al ratín, cae también Don Bimbas. Se van también enseguida. Son la una y veinte de la mañana. Llevo a Don Bimbas, roncando, a hacer pis y a la cama y a El Cachorro, que está pegado a la tele (increíble el enganche que tiene con las pantallas), al baño a lavarse los dientes. Me dice:

– Mamá, ¿por qué todos se duermen y yo no?
– Eso me gustaría saber a mí, cariño.
– Pues es que no tengo nada de sueño, pero nada, ¿eh?, podía estar una hora más viendo la tele.
– Me lo creo, me lo creo. Sobre todo si hay tele.

Y me lo creo, sí. El caso es que, después de este total (así es como llamamos a las declaraciones de alguien a cámara los periodistas de televisión), va a la cama y oigo que llaman a la puerta. Es el Señor de las Bestias, que vuelve de tomarse unas copas con los maridos de mis vecinas, las que han venido a beber vino a mi casa. Y en lo que vuelvo al cuarto de mis hijos, me veo este panorama.

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De ponerse el pijama ya ni hablamos. El que no tenía nada, pero nada de sueño, ¿sabéis? Es que en su habitación no hay tele…

Evento en Fuentenovilla

Hemos venido a ver una exhibición de los animales del Señor de las Bestias. Son fiestas del pueblo y aprovechamos para acabar el día aquí, con los hijos de nuestros vecinos, que nos los hemos traído.

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Hay unos actores haciendo primero de reyes y bufones, y al rato salen como brujas a hacer un aquelarre con fuegos (muy bonito).

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Pues bien, mi hijo es el que lo está fotografiando y grabando todo. He creado un monstruo.

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Mucho dice El Cachorro que él no necesita estudiar porque va a trabajar en lo de papá. Pero no sé yo si podrá vivir sin dar rienda suelta a su verdadera vocación: ser reportero gráfico.

Consejos vendo…

La hija de una vecina, en la piscina (toma pareado) se ha cogido una rabieta que su madre ha dicho: “Vaya adolescencia me espera”. Entonces yo he pensado en mi Don Bimbas y su fortísimo carácter, su cabezonería, sus enfados, en sus gritos y en lo que pasa de los míos cuando se los dirijo a él, y he caído en la cuenta de que llevo sufriendo su adolescencia desde que tenía 6 meses, y que eso que me estoy quitando.

O, si es que la repite, al menos no me pilla con el pie cambiado…

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En cualquier caso, hablaba de rabietas, ¿verdad? Pues os cuento que, ni una semana después, volvemos a coincidir en la piscina la vecina, su hija, mis hijos y yo, a mediodía…

Me consulta mi vecina que si les dejamos bañar a los críos. Ella tiene a una niña unos meses menor que Don Bimbas pero igual de espabilada o más. La piscina está cerrada. Yo le digo que solo se puede bañar El Cachorro, porque Don Bimbas está castigado sin bañar. En un principio lo había castigado sin bajar a la piscina directamente, pero luego lo he pensado mejor y le he dicho: “Mira, mejor dicho, yo no me pienso jorobar por ti, y quiero bajar a la piscina, así que cambio el castigo y vamos a bajar a la piscina, pero tú no te vas a bañar”.

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Total, que mi amiga que oye lo del castigo, va y me suelta: “Tú sabes que a estas edades funciona mejor el premio que el castigo, ¿verdad?” Así, con un tonito como de no tienes mucha idea de educar a niños.

Y en ese momento, EN ESE MOMENTO, su hija única coge y empieza a dar por saco de manera sideral. Se sienta en la silla de piscina de su madre cuando estábamos ambas tomando una cerveza, dice que no se levanta, se revuelve y patalea, llama tonta a su madre e incluso le pega. Y yo, fumándome un cigarro imaginario (porque ya no fumo), tomándome mi cerveza y disfrutando del espectáculo en primera fila. Y, claro, como la pobre me acababa de aleccionar diciéndome lo del premio, por mucho que le dijera a su hija: “como sigas así me voy a enfadar”, la hija la tomaba por el pito del sereno y no bajaba ni un ápice la intensidad de su cabezonería y porculismo y ella no se enfadaba ni para atrás, porque lo siguiente era calzarle un tortazo de aquí te espero, tal era la chulería de la cría.

Yo ahí me he tenido que morder la lengua. Le iba a soltar: “Venga, dale un premio, ¿no?”, pero me arriesgaba muy, pero que muy mucho, a que me soltara a mí un bofetón que se iba a escuchar en Ciudad Rodrigo. He sido buena vecina (y cobarde) y con las ganas me he quedado.

Así que ella no ha tenido otra opción que coger a su cría que gritaba y lloraba y gritaba y lloraba, y largarse a casa farfullando que es que, claro, a esas horas siempre su hija estaba cansada y cuando un niño está cansado le da por ponerse insoportable. Ajá…

Yo ya hay varias veces que he visto a esa niña “cansada”, y quizá soy menos comprensiva y más mala madre, con cero de sensibilidad pedagógica y proclive a causarles un trauma a mis hijos, pero a mí me desobedecen y me llaman tonta y me sacuden un tortazo, y no tienen planeta para correr.

P.D. A ver, estoy de acuerdo en que yo hago aguas en algunos aspectos de cómo educo a mis hijos y me gustaría cambiar algunas cosas y metodologías. Y seguro que hay otras maneras de educar más efectivas que las mías. Ahora, si yo, en este caso, viera que la que aplica mi vecina, funciona, de mil amores la llevaría a cabo. Pero, qué queréis que os diga, lo que veo, hoy y el resto de días, no me convence. Ni una pizca.

Antes y después de ser madre

Creo que tendríamos que ir pensando en cambiar de sofá…

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Con el cariño que le tengo, que es mi primer sofá, el que compré para mi casita de soltera… Un sofá cama estupendo, amplio y cómodo. Pero, claro, ahora hay niños y tan amplio no es, y, además, los niños crecen…

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Cómo cambian las cosas, ¿eh?

Yo antes de ser madre: “Hay que ver, la horterada de los imanes en la nevera y todo lo que le ponen, que parece un tablón de anuncios, en vez de dejarla libre y dar sensación de limpieza, elegancia”.

Yo después de ser madre:

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Todo esto te hace apreciar cosas que antes de ser madre no valorabas. Por ejemplo, aprovechar para ir al cine cuando los críos se quedan con su abuela. Segundo día consecutivo llevamos.

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¡Yuju!